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La Saga de Santuario-4

ATENCIÓN:  ESTA SAGA PUEDE CONTENER SPOILERS DE MÓDULOS OFICIALES. SI ERES JUGADOR Y VAS A JUGAR USANDO EL SUPLEMENTO “LA ISLA DE LOS GRIFOS” NO SIGAS LEYENDO.

1.5       Viaje a la Tumba de Surlt

En verano el grupo salió de Nidik en dirección norte. Iban Ekkaia, Olger, Inblinar Sbuff, Publio Cornelio Escipion; el sargento Tox; Valka Lobo Rúnico; Gorki Sonrisas; Silvanthi Ojos Brillantes (sacerdote de Yelm en Nidik); y tres soldados, los hermanos Lugio, Pugio y Tugio.

El viaje se desarrolló sin incidentes hasta el Paso de las Caravanas, un estrecho desfiladero que cruza las Colinas de Zutchko y que une los territorios de caza Votankis con los pastizales salvajes de los Slarges. Cuando atravesaban el paso el grupo fue atacado por trasgos, y allí cayó Pugio alcanzado por una jabalina. Al llegar a los pastizales salvajes el mapa no les servíó de nada, todo el lado oriental de la isla estaba en blanco, así que se dedicaron a rellenarlo cada vez que encontraban un accidente orográfico nuevo y los bautizaron con sus nombres. Si visitais el noreste de la Isla de los Grifos encontrareis las colinas Olger al pie de la Montaña de los Grifos, los ríos Ekkaia, Inbli y Mediano; que desembocan en un enorme lago (al que ya habían dado nombre los Slarges). Bordearon el lago por el lado oeste y después por el norte para evitar las patrullas Slarges, y llegaron a la antigua ciudad sin problemas. La ciudad en ruinas estaba dominada por una enorme torre negra de planta cuadrada,  sus calles patrulladas por Slarges zombies, y sus edificios habitados por infinidad de oscuras criaturas.

Se infiltraron por las calles hasta que  fueron descubiertos por los zombies, y entonces optaron por moverse por las ruinas. Cuando estaban cerca de la torre, un enorme gorp cayo sobre Silvanthi matándole casi en el acto, tal era su tamaño. El grupo quedó horrorizado, el sacerdote de Yelm era el más poderoso del grupo y había muerto sin que nadie pudiera hacer nada para impedirlo. Los gritos agónicos de Silvanthi alertaron a los zombies que empezaron a perseguirles en dirección a la torre.

Entraron en la enorme atalaya abandonada y la registraron a toda prisa, no sin mantener combate con los zombies que había dentro. Descendieron hasta la tumba de Surlt y la registraron, encontraron un pergamino y salieron a toda prisa, aunque a Olger le dio tiempo a coger el yelmo de Surlt y Publio una lanza larga de gran calidad. El botín no les salió gratis, el soldado Lugio cayó luchando con los zombies, y el fiel enano Gorki activó una trampa en la tumba y murió aplastado por una roca. Ekkaia se empeñó en llevarse el cadáver de Gorki, y a duras penas lograron salir de la ciudad. Una vez a salvo, enterraron al enano en las colinas que rodean la antigua ciudad Slarge, y las bautizaron como “Colinas Gorki”. En su tumba dejaron una lapida con una inscripción tallada:

“Así pues; jurémonos una amistad más allá de la amistad,

y volvamos a encontrarnos más allá de las estrellas”.

1.6       Viaje a Fuerte Xar

De vuelta en Nidik se decretó un mes de duelo por la muerte de Silvanthi, y se comunicó a los aventureros que el pergamino recuperado en la torre de los Slarges indicaba la posición de Fuerte Xar, el primer templo dedicado a Yelm en la isla, edificado por el propio Xar, y el sitio elegido por el antiguo héroe para esconder la corona. Esperaron a que pasara el invierno para partir en dirección al fuerte, que se encontraba en la punta sureste de la isla, pasadas las montañas de los enanos.

Durante los meses que pasaron en Nidik, agentes de Surlt entraron en contacto con Publio Cornelio Escipion para hacerle una oferta monetaria por la corona. Publio habló con el resto del grupo para convencerles, puesto que la oferta del rey de Surlt era mucho mejor que la del rey Skilfil. Ekkaia se negó en rotundo a romper la palabra dada al rey de Nidik y el asunto quedó zanjado, pero no del todo. Algunos de los miembros del grupo comunicaron a Starnia Rompe Tormentas los contactos que tenía Publio con agentes de Surlt, y ella decidió cortar por lo sano. Publio tenía previsto un viaje a Puerto Soldado para intentar que un hechicero le aceptara como aprendiz, y durante el viaje se encontró cara a cara con un caballero vestido de armadura negra que le retó a duelo. Sorprendentemente Publio aceptó el duelo, y era un acto asombroso viniendo de un hombre que había acuñado la frase “el honor era verde y se lo comió una vaca”. El duelo fue largo y reñido, y Publio estuvo a punto de acabar con Starnia en un par de ocasiones, pero finalmente el aprendiz de hechicero acabó con una lanza clavada en el abdomen, y una tumba a la vera del camino a Puerto Soldado.

Cuando llegaron a Fuerte Xar encontraron un recinto rectángular con paredes de ladrillo y un templo ruinoso en su interior. Dentro del templo el altar había sido desplazado de su sitio y dejaba ver una escalera que bajaba al sótano: alguien se les había adelantado. Bajaron y se dispersaron en grupos por un laberinto de túneles, entrando en un caótico combate con agentes de Ockless. Al cabo de una hora habían controlado el complejo de túneles y salían de allí con la corona en su poder.

1.7       La Batalla del Río Ergakol

La noticia de que Skilfil de Nidik había conseguido la Corona de Xar se extendió rápidamente entre los clanes Votankis. Algunos clanes juraron fidelidad inmediatamente al Portador de la Corona, pero otros tenían dudas. Por un lado estaba la profecía de Xar, su historia, y por otro su tradición de fiera independencia, la libertad de los cazadores de los pastizales.

En Ockless no se quedaron de brazos cruzados y atacaron antes de que los Votankis se unieran del todo a Skilfil. El ataque comenzó por el norte, y Skilfil se dedicó frenéticamente a convencer a los Consejos de los Clanes. Aldruin había vuelto recientemente de su estancia en el bosque élfico del oeste como Siervo de la Luz de Yelmalio, y accedió a cruzar las líneas enemigas para pedir ayuda a Coliannon Raíz Profunda, rey del bosque élfico del norte. Ekkaia, Olger e Inblinar viajaron rápidamente a Puerto Soldado para convencer al Gran Plutarca Maugre de la necesidad de unir fuerzas contra los ejércitos del caos, y sin pensarlo demasiado Maugre aceptó, a cambio de tener el mando en la zona norte. La primera batalla de la era de la Corona de Xar se desarrolló en el vado del río Ergakol.

Desde el Norte se aproximo el ejército caótico al mando de Gondo Holst, compuesto por 800 honderos trasgos y 200 broos; dispuesto a enfrentarse con el ejército humano, al mando del Sacerdote de Orlanth Toranth Manover y del Capitán Manscher Boldbuster de Puerto Soldado, y formado por 800 Votankis y 100 mercenarios de Maugre. Nada más comenzar el choque, el Clan Votanki Cola Emplumada se pasó al lado del Caos. La Batalla iba mal para los defensores humanos, y cuando la infantería pesada broo logró capturar el estandarte del Capitán de Puerto Soldado, apareció desde el norte el ejército élfico, que atacó a los broos por la espalda. Finalmente el estandarte élfico también cayó en poder de Gondo Holst, y el ejército humano se retiró en desorden. El Capitán Manscher Boldbuster murió en la carga de los broos, y Ekkaia, Olger e Inbli huyeron en dirección a Nidik, decepcionados con el resultado de su primera batalla.

El ejército de Gondo Holst quedó muy dañado como para avanzar hacia Nidik, pero tenía todavía fuerzas suficientes para intentar un asalto contra Puerto Soldado, aprovechando que los mercenarios de Maugre estaban tendidos en el campo de batalla. El asalto a la ciudad del Gran Plutarca fue rápido y brutal, y el saqueo más aún. Maugre fue hecho prisionero, y liberado a cambio de un rescate de 30.000p

1.8       La Batalla de Garra de Oso

Skilfil secretamente se alegró de que las hordas de Gondo Holst se hubieran desviado hacia Puerto Soldado porque tenía otras cosas de qué ocuparse. Reunió a casi todos los clanes bajo su mando y firmó un tratado con su antiguo enemigo, el rey de Surlt, para luchar contra Ockless. Yalaring Matamonstruos, rey de Surlt, aceptó los términos de la alianza porque en el fondo era fiel a la tradición de la profecía, y porque sabía que para vencer a Ockless, los enemigos del caos debían permanecer unidos y olvidar viejas afrentas. También se unieron a ellos los elfos del bosque del oeste, enemigos ancestrales de los orcos aliados de Ockless. Skilfil solicitó la presencia de Ekkaia y Olger en la batalla, pero el pastizaleño declinó la oferta porque no le gustaba participar en combates donde él no llevara la iniciativa. Ekkaia aceptó sin dudarlo, e Inblinar pensó que con una batalla un hobbit ya tenía suficiente acción en su vida.

El ejército de Ockless, envalentonado por la victoria en el río Ergakol, salió en dirección a Surlt al mando del rey Glyptus El Bueno, formado a partes iguales por humanos y orcos.  Se encontraron con la alianza de Nidik, Surlt y de los elfos del oeste a medio camino, en el tótem votanki de Garra de Oso, y al son de los cuernos de batalla los dos bandos se lanzaron a la carga.

El combate iba mal para los Votankis, tanto es así que el rey Yalaring tuvo que salvar la vida de Skilfil cuando éste fue rodeado por la guardia orca de Ockless. Ekkaia había eliminado ya a varios enemigos cuando, desde la silla de su caballo, vio como el rey Glyptus de Ockless mataba con su cimitarra a Rockheart Buscavetas, el mercader enano amigo de Skilfil. La iniciada de Babeester Gor ardió en cólera y abandonó la relativa seguridad de su montura “porque así no podía usar su hacha de dos cabezas”, y acto seguido abrió un camino de sangre y miembros cortados a través de la guardia personal del rey Glyptus hasta entrar en combate con él, derribarlo, y obligarle a capitular. Así acabó la batalla de Garra de Oso, con los humanos de Ockless pidiendo clemencia y los orcos huyendo bajo una lluvia de jabalinas votankis y flechas élficas.

La ciudad de Ockless fue tomada sin dificultad, y Glyptus fue desterrado de la isla a cambio de un rescate de 5.000p, que fueron entregados a Ekkaia. De vuelta en Nidik se decretó un mes de duelo por la muerte de Rockheart Buscavetas, y una delegación de enanos vinieron a recoger el cadáver y llevarlo a sus montañas. El rey Yalaring de Surlt juró fidelidad a Nidik, cumpliéndose totalmente la profecia de Xar. El rey Skilfil nombró caballeros de Nidik a Ekkaia y Olger por los servicios prestados, y decretó que Inblinar Sbuff y Aldruin fueran considerados a partir de entonces “Amigos del Rey”. El grupo recibió una generosa recompensa por recuperar la Corona de Xar, y después de una temporada de descanso y entrenamiento, deciden abandonar la isla. Al cabo de dos semanas se confirmaron las sospechas de Inblinar Sbuff, la concubina Praxenia intentó asesinar al rey de Nidik después de una noche de amor, pero Skilfil logró arrebatarle el puñal envenenado y la mató allí mismo. Antes de su partida, el rey de Nidik regaló a Ekkaia un halcón gigante, y les enseñó a todos cómo montar esos gigantes alados. A Olger le cedió un heraldo y nueve soldados para que le acompañaran de vuelta al continente. De camino a la playa donde tenían varado el barco Ekkaia pronunció su fatídica frase, “llevamos cuatro años en la Isla de los Grifos y no hemos visto ni uno”.  Al cabo de unos minutos fueron atacados por uno de estos animales alados, y Aldruin, que resultó gravemente herido, pronunció su también famosa frase,  “¡qué suerte, sólo me ha arrancado una pierna!”.

Fin del Libro Primero

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La Saga de Santuario-3

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1.3       El Pergamino de Nidik

Ekkaia y los suyos llegaron a Puerto Soldado pensando que había sido mala idea venir a la Isla de los Grifos. Su segunda aventura había sido casi tan improductiva como la primera y habían perdido otros dos compañeros.  Aldruin se enteró de que había bosques élficos en la isla, y decidió dirigirse allí por su cuenta para intentar convertirse en Siervo de la Luz de Yelmalio. Después de la partida del medioelfo permanecieron algunas semanas en la “Taberna Número Uno” examinando los pergaminos hallados en la guarida de los piratas, especialmente uno que parecía un mapa y que indicaba la existencia de unas catacumbas debajo de la ciudad de Nidik. Decidieron probar por última vez si su estancia en la isla estaba maldecida por los Dioses, e investigar las catacumbas a la búsqueda de tesoros. Antes de salir hacia Nidik se les unió Olger, un nómada pastizaleño vengativo y malencarado, un excelente guerrero necesario para reforzar al grupo.

El viaje hasta Nidik fue tranquilo y sin complicaciones. La ciudad, si es que puede llamarse así, era más pequeña aún que Puerto Soldado, tanto es así que el palacio del Rey Skilfil “Perfora Hogares” era más grande que la zona habitada.  Entraron por la noche en las catacumbas y eliminaron sin problemas a varios zombies que se encontraron por los túneles, pero no pudieron con Huldra Blackheart, la bruja que dominaba las catacumbas.  Consiguieron otro pergamino de la guarida de la bruja y salieron a toda prisa, para descubrir que afuera les esperaban los guardias de Nidik.

Fueron conducidos ante el Rey de Nidik y despojados de todo su equipo, así como de los dos pergaminos que tenían en su poder.  Mientras tanto, Starnia Rompe Tormentas, hija del rey y Señora del Sol de Yelm, entró en las catacumbas y mató a la bruja, para después destruir su altar y saquear su tesoro. Los tesoros de la bruja fueron repartidos a partes iguales entre las arcas del rey de Nidik y el templo de Yelm, al que en la Isla de los Grifos llaman Hilme.

El rey Skilfil reconoció los pergaminos como dos de los pergaminos de Xar y no pudo creer la suerte que había tenido. Si conseguía la Corona de Xar podría reclamar el mando de todas las tribus Votankis de la isla, así como el vasallaje del reino de Surlt. Su problema es que sólo disponía de 30 soldados y 100 cazadores tribales para defender la ciudad, un número insuficiente para contrarestar la fuerza de los orcos de la ciudad de Ockless, por lo que la idea de destinar hombres para buscar la corona no era lo más prudente. Consultó con su hija y llegaron a la conclusión de que lo mejor era encargar el trabajo a esos extranjeros que habían detenido a la salida de las catacumbas.

La oferta del rey no gustó demasiado a Ekkaia y sus compañeros, al fin y al cabo ellos habían encontrado los pergaminos, pero la recompensa monetaria del rey era buena y podían quedarse con los tesoros que encontraran durante la búsqueda de la corona. Además no había que olvidar que la alternativa era la prisión o el destierro, y la pérdida de los pergaminos. Así que el grupo aceptó, y después de examinar el pergamino encontrado en las catacumbas de Nidik, salieron de la ciudad en dirección a Puerto Soldado. Con ellos iba Tox, un sargento de la guardia del rey impuesto por Skilfil para controlarles, y dos mercenarios al servicio del rey, Valka Lobo Rúnico y  el enano Gorki Sonrisas.

El exámen del pergamino les llevó a la conclusión de que el siguiente pergamino se encontraba en una cueva de las Montañas de Fuego. Consideraron que era más seguro viajar por mar que atravesar las tierras salvajes de la isla, contrataron a dos marineros, Atik y Marunnin, para remplazar a sus compañeros perdidos en la isla de los Demonios, y zarparon para rodear la isla y varar en alguna playa cercana a la cueva.

A mitad de camino los alcanzó una tremenda galerna que el capitán Benthorio dominó no sin dificultad, pero aún así la mala suerte seguía con ellos, ya que una ola barrió la cubierta lanzando por la borda a Marunnin. Intentaron tirarle un cabo pero no consiguieron rescatarle. Vararon en una playa desierta con la intención de reparar los desperfectos causados por la tormenta y caminar en dirección a los volcanes de las Montañas de Fuego. Cuando estaban reparando el barco fueron hostigados por un pequeño grupo de broos que consiguieron repeler con rapidez, pero a costa de perder otro hombre, una jabalina atravesó a Atik de lado a lado.

Después de enterrar al marinero salieron en dirección a la cueva, llegaron al cabo de tres días, y encontraron huellas de un gigante que entraban y salían de ella. Después de deliberar largo rato decidieron enviar al hobbit aprovechando que tenía un bastón de invisibilidad. Inblinar Sbuff protestó largo y tendido, pero ante las amenazas de Olger, y en vista de que ni siquiera Ekkaia estaba a su favor, no tuvo más remedio que hacerse invisible y entrar en la gruta.

El hobbit entró en la cueva con precaución y mucho miedo, para descubrir que su anfitrión no estaba dentro. Registró todo con tesón pero no encontró nada más que varias patas de ciervo ahumadas, así que no le quedó más opción que escalar la enorme mesa del gigante, cosa que le costó bastante tiempo y esfuerzo. Cuando llegó arriba encontró un saco enorme (para un hobbit) lleno de hojas enteras de tabaco y un cofre con pergaminos. Recogió los pergaminos que le parecían más interesantes y entonces sintió que la mesa se tambaleaba, pensó que la tierra temblaba por la ira de Lodril, pero a lo lejos oyó la voz grave del gigante canturreando de regreso a casa. No tenía tiempo de bajar de la mesa, así que se metió a toda prisa en el saco de tabaco. Desde el interior oyó como el gigante se sentaba a la mesa y se zampaba una pata de ciervo en un abrir y cerrar de ojos. Después creyó que se avecinaba tormenta, pero en realidad era un eructo del gigante, y a continuación algo que no quería oir en ese momento, la voz del gigante tronando:

–          Y ahora, después del aperitivo, ¡una pipa de tabaco!

 

Inblinar Sbuff se quedó helado y lo único que pudo decir fue un ¡Nooo! (muy

bajito),e inmediatamente empezó a sentir los dedos del gigante revolviendo el tabaco, tanto es así que llegó a arrancarle la capa al hobbit. Oyo al gigante decir:

–          ¿Qué demonios hace esto en mi tabaco?

Eso fue demasiado para él, lanzó su conjuro de invisibilidad, cortó el saco con su

daga y salió de su escondite a tiempo para ver como el gigante llenaba su pipa y la encendía con una enorme brasa del fuego. Se descolgó de la mesa con la cuerda que llevaba y salió de la cueva como alma que lleva el diablo. De todos los pergaminos que trajo Inblinar Sbuff (Inbli para los amigos), sólo uno se parecía a los anteriomente encontrados por el grupo.

1.4       El Robo del Pergamino

Ya de vuelta en Puerto Soldado, Ekkaia y los suyos se tomaron un descanso. Olger se batió en duelo con un mercenario orlanthi llamado Imnor, a causa de la opinión que éste tenía sobre los pastizaleños, y el orlanthi pago sus insultos con la vida. A pesar de todo, mientras los demás atendían sus asuntos en la ciudad, uno se quedaba de guardia en una habitaciones de la posada custodiando el pergamino. Una noche que Olger estaba de guardia, decidió relajarse un poco con una de las prostitutas de la ciudad en su habitación. Mientras se dedicaba a ello en cuerpo y alma, dos hombres entraron por la ventana y se llevaron el pergamino. A la mañana siguiente se dieron cuenta de la desaparición y, en vez de abroncar a Olger, se dedicaron a lamentar su mala suerte y a culpar al destino. Acudieron a la puerta de la ciudad y los guardias les dijeron que dos hombres habían salido por la noche, y que aparentemente habían tomado el camino de Nidik. Todos dieron por imposible alcanzarles porque les llevaban demasiada ventaja, sin embargo Ekkaia no se amilanó y salió tras ellos acompañada por el fiel Gorki Sonrisas. Al día siguiente les dio alcance en el camino de Nidik, les mató, recuperó el pergamino, y mandó a Gorki a Puerto Soldado para decirle al resto del grupo que se reunieran con ella en Nidik..

A su llegada a Nidik Ekkaia entregó el pergamino al rey Skilfil, y tres días más tarde llegó el resto del grupo. Los consejeros del rey determinaron que el siguiente viaje sería muy peligroso porque, según el pergamino, debían viajar a la antigua ciudad de los Slarges, en el norte de la isla, pasadas las colinas de Zutchko, la frontera entre los territorios de caza Votankis y las tierras salvajes. Durante tres meses se dedicaron a entrenar y realizaron varios viajes a Surlt por orden de Skilfil, para investigar de dónde salieron los que intentaron robarles en Puerto Soldado. Poco a poco dejaron de sospechar del rey Yalaring de Surlt porque el trato en la ciudad era incluso más amable que en Nidik. Ekkaia, Inbli y Valka entablaron amistad con Calopecio, el sacerdote de Lodril en Surlt, y le visitaban con frecuencia, ya que la ciudad está a sólo cuatro jornadas a caballo de Nidik. En una de esas visitas, tres hombres atacaron al sacerdote con jabalinas, Calopecio salió ileso, pero su acólito Gor resultó muerto. Ekkaia y Valka mataron a uno de los asaltantes y capturaron a los otros dos. Durante el interrogatorio averiguaron que los asesinos habían sido enviados por Jocestis, esposa del rey Glyptus de Ockless, con lo que las relaciones entre Surlt y Nidik se suavizaron un poco.

De vuelta en Nidik, tuvieron claro que había un espía de Ockless en la corte del rey Skilfil, alguien había avisado a Jocestis de que ellos andaban detrás de la Corona de Xar. Si el rey de Ockless se hacía con la corona y unificaba las tribus bajo su mando, las ciudades de Surlt y Nidik tenían los días contados. Inbli se tomó la tarea de encontrar al espía como algo personal, y empezó a observar los movimientos de todos los miembros de la corte. Al cabo de un par de semanas ya tenía una sospechosa, Praxenia, la última concubina del rey Skilfil Perfora Hogares, famoso por tener innumerables hijos ilegítimos por toda la isla. Siguió a Praxenia en sus paseos por el almenado, e incluso llegó a esconderse debajo de su cama mientras ella yacía con el rey, pero lo único que consiguió fue encontrar un papel quemado en su mesilla, “seguro que es un mensaje de Ockless” pensó, pero no era una prueba definitiva.

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La Saga de Santuario-2

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En negrita los personajes jugadores

1.1      La Corona de Xar.

Después de enterrar a Godspell en un bosquecillo cercano al río donde fueron atacados, la comitiva volvió cabizbaja a Puerto Soldado, la paga había sido escasa y había muerto un compañero.  Pheyutz había perdido mucho dinero con el ataque de los Votankis y estaba arruinado y decepcionado con sus mercenarios.

A principios de 1610 llegó a Puerto Soldado el mercante del capitán Kourh, “El Viento del Norte”, con mercancias y algunos pasajeros. Entre ellos estaba Publio Cornelio Escipión, un aprendiz de hechicería de Gondor amante de intrigas y poco apegado a riesgos innecesarios.  Hizo buenas migas con Ekkaia y se incorporó al grupo para cubrir la baja dejada por Godspell.

En el barco también viajaba un escriba del continente que traía un antiguo mapa descolorido. Salonius, que así se llamaba el escriba, no era muy discreto y enseñaba el mapa a todo el mundo diciendo que ese trozo de pergamino le haría rico.

Dos días más tarde apareció el cuerpo sin vida de Salonius en un callejón del barrio rico, con la cabeza aplastada. El barco de Pheyutz había zarpado de madrugada y no había rastro de él en su despacho del barrio de los mercaderes.

Pheyutz había visto la oportunidad que estaba esperando y con la ayuda de Nann, que a la sazón era una de las tres prostitutas de Puerto Soldado, logró sonsacar a Salonius y averiguó que el mapa describía la posición de una pequeña isla cercana en donde había naufragado un mercante cargado de tesoros. Con esa información, el mercader, que no era hombre conocido por tener principios, contrató a un ladrón llamado Beto para que le robara el mapa al escriba. Bajo la atenta mirada de los dos guardaespaldas de Pheyutz, el ladrón intentó atracar al escriba la noche siguiente en una oscura callejuela, pero Beto no era muy hábil y el robo se complicó. Salonius se resistió e hirió al ladrón con un estilete para después escapar, aunque no llegó muy lejos porque los guardaespaldas de Pheyutz acabaron con él a golpe de maza. Cuando Pheyutz se enteró del desenlace no le importó mucho la muerte del escriba, y decidió que Beto debía de mantener la boca cerrada por interés de todos. A la mañana siguiente, mientras el mercante de Pheyutz se perdía en el horizonte en busca de la isla, un sacerdote encontró el cadáver de Beto junto a los muros del templo de Hilme.

Puerto Soldado era una ciudad muy pequeña y cuando Ekkaia y los suyos conocieron la muerte del escriba y la repentina partida del barco de Pheyutz, supieron al instante quién tenía el mapa en su poder. Zarparon de inmediato en persecución del mercader, y al final del día divisaron las velas del barco de Pheyutz en el horizonte.

Casi al mismo tiempo llegó a la ciudad el mercader de caravanas Gondo Holst. El oráculo de los 7 perros sagrados le había dicho que un extranjero recién llegado le llevaría a recuperar el Pergamino de Ockless, la primera de una serie de pistas legendarias para encontrar la Corona de Xar. Aquel rey Zaringa que tuviera en su poder la corona podría reclamar para si el dominio de todos los clanes Votankis y con ello la mayor parte de la isla. Gondo se puso al corriente de la historia del mapa y los asesinatos, así que decidió esperar a ver cual de los dos barcos regresaba con el pergamino.

1.2       La Isla de los Demonios

Después de tres días de navegación en dirección suroeste, el “Torrao de los Mares” encontró al destartalado mercante de Pheyutz  anclado en una bahía de un islote cubierto de bosques, y se acercó a toda velocidad. Ekkaia y los suyos habían preparado flechas incendiarias y al momento había pequeños focos de incendio por toda la cubierta y el velamen de “La Flecha de Corda”, cuando los dos barcos estuvieron a la par comenzó el abordaje. Nada más pisar la cubierta de “La Flecha de Corda” Pentus cayo gravemente herido bajo la espada de Pheyutz, pero Ekkaia, Aldruin y Nabuco dieron buena cuenta de sus guardaespaldas, y el mercader se rindió al verse solo y herido. Cuando se acercaron a ver el estado de Pentus, el marinero ya se había desangrado, Aldruin montó en cólera, cogió al mercader y se lo llevó al “Torrao de los Mares” con intención de cortarlo en trozos pequeños, pero Nabuco tenía otra idea: lanzó al mar los cadáveres de los guardaespaldas y esperaron a ver si se acercaban tiburones. Mientras el incendio se adueñaba del mercante, Inblinar registraba a toda prisa el barco del mercader y Ekkaia colocaba a Pentus en el centro de la cubierta con sus armas. Cuando todos estuvieron a bordo del “Torrao de los Mares”, Aldruin, Nabuco y Publio Cornelio Escipión lanzaron al desventurado mercader a los tiburones, que ya se estaban dando un festín con sus guardaespaldas, no sin antes recuperar el mapa de Salonius, que el mercader llevaba debajo de su camisa. A lo lejos, “La Flecha de Corda” ardía de proa a popa y se convertía en la pira funeraria de Pentus.

Benthorio se quedó al cuidado del barco mientras los demás desembarcaban. Se internaron en el bosque siguiendo el mapa y se encontraron de frente con un Caracol-Dragón, que no fue rival para tantos adversarios. Poco después encontraron un lago que ocupaba el centro del islote. En el lago había una isla, una roca plana con una torre en ruinas. Construyeron una balsa, se acercaron a la torre y descubrieron que estaba habitada, había allí un pequeño grupo de hombres con aspecto de piratas, y que al parecer estaban tan seguros del secreto de su isla que no habían dejado guardia en la atalaya.

Sin dudarlo entraron en la torre y mataron a la mayoría antes de que se dieran cuenta de lo que estaba pasando, todos salvo su jefe, un agimori que salió corriendo con intención de lanzarse al lago. Nabuco corrió tras él y ambos combatieron al borde del agua, Katanga, que así se llamaba el agimori, asestó un terrible golpe en la cabeza a Nabuco con su martillo de guerra, y el marinero cayó fulminado. Antes de que los demás pudieran alcanzarle, el capitán pirata se lanzó al agua y no pudieron dar con él.

Registraron los sótanos de la torre, encontraron a una mujer llamada Zeliya, que al parecer era la compañera de Katanga, y la maniataron. Entre las pertenencias de los piratas había pocas cosas de valor, pero entre ellas unos viejos pergaminos, que recogieron con la intención de estudiarlos más detenidamente en Puerto Soldado. Cargaron el cadáver de Nabuco y todo lo que habían encontrado en el bote de remos de los piratas y en la balsa, y se dispusieron a volver al “Torrao de los Mares” a toda velocidad, porque no sabían si el capitán pirata tendría su barco anclado al otro lado de la isla. Con las prisas la balsa se desestabilizó y casi todos sus ocupantes cayeron al agua, se organizó un gran alboroto mientras cada uno intentaba agarrarse a los maderos, y cuando hicieron recuento vieron que Zeliya se había ahogado a causa de las ataduras, y que no había rastro de Ekkaia.

Ekkaia se iba al fondo a causa del peso de su armadura, y veía claramente las siluetas de sus compañeros agarrados a la balsa en la superficie. Cuando estaba casi sin aire invocó la ayuda de su diosa Babeester Gor para que la salvara, y poco después perdió la consciencia. Despertó en la orilla rodeada por sus amigos, asombrados por la forma en que el lago la había escupido sobre la arena a decenas de metros del lugar donde había caído al agua. Estaba muy debilitada y tuvieron que ayudarla a llegar hasta el “Torrao de los Mares”. Antes de partir colocaron el cadáver de Nabuco sobre la balsa, lo rociaron con aceite, le prendieron fuego y lo dejaron a la deriva.

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La Saga de Santuario-1

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Libro Primero:  Los Principios, la Isla de los Grifos.

En negrita los personajes jugadores

Prólogo

Mi nombre es Nuño y ocupo el cargo de escriba del castillo de Bolgrad. He recibido de mi señor Devon, Barón de Bolgrad, el encargo de escribir los primeros capítulos de la historia de Lord Olger, Lord Devon, y sus nobles compañeros, basándome en historias contadas al calor del hogar en las frías noches del castillo por testigos presenciales. Espero que mi relato sea exacto, si bien soy consciente de que en él hay lagunas provocadas por el paso del tiempo y la triste desaparición de alguno de sus protagonistas, que podrían haber aportado aclaraciones y nuevos datos a la historia. Es el deseo de mi generoso Señor, que ha escrito de su puño y letra lo que se cuenta en el Libro Tercero, que mi relato sirva para que quede constancia para la posteridad de las aventuras que vivieron en su primera época, ya que sus obligaciones de gobierno le impiden recopilar todos los datos necesarios para concluir su obra.

Castillo de Bolgrad, Octubre de 1624

Libro Primero. La Isla de los Grifos

Indice.

1             La Isla de los Grifos

1.1         La Corona de Xar

1.2         La Isla de los Demonios

1.3         El Pergamino de Nidik

1.4         El Robo del Pergamino

1.5         Viaje a la Tumba de Surlt

1.6         Viaje a Fuerte Xar

1.7         La Batalla del Río Ergakol

1.8         Batalla de Garra de Oso

1.         La Isla de los Grifos.

Finalizaba el año 1609 cuando Ekkaia y sus compañeros se acercaban a la Isla de los Grifos a bordo del “Torrao de los Mares”. En un principio decidieron bautizar al pequeño mercante como “El Tornado de los Mares” pero acabó teniendo tan extraño nombre gracias a un pintor analfabeto. El barco habría naufragado dos días antes en una tormenta de no ser por el capitán Benthorio, un viejo lobo de mar curtido en mil  galernas.

A lo lejos, en dirección norte, divisaron los penachos de humo de los volcanes de las Montañas de Fuego, y hasta entonces no supieron que el mapa que les vendieron en Phamal era auténtico. Habían invertido todos los ahorros que tenían en comprar el viejo mercante y contratar a un marinero y al capitán Benthorio, Dormal lo tenga en la gloria, para escapar de las autoridades que les perseguían por el robo de un medallón. En la taberna donde les encontró la guardia de la ciudad quedó el cuerpo sin vida de su compañero Serapio, y otros dos más fueron capturados: Pistronek murió linchado por la muchedumbre que exigió la sangre de los ladrones del medallón sagrado, y Kalícrates cayó luchando contra un león en la arena del circo. El caso es que Tapón, el hobbit causante de todos sus males, había desaparecido en una nube de humo al lanzarse un conjuro de curación en la taberna, y Ekkaia esperaba sinceramente que se hubiera ido al mismísimo infierno, pero esa es otra historia.

Ekkaia era una iniciada de Babeester Gor de corta estatura, pero con la fuerza y habilidad suficientes como para blandir su hacha de dos cabezas igual que cualquier guerrero. Nunca había tenido problemas para elegir su camino, siempre escogía la vía más honorable aunque significara exponerse a los mayores peligros o ir en contra de las decisiones de sus compañeros.

A bordo del mercante, el grupo de aventureros observaba las escarpadas costas de las Montañas del Fuego mientras bordeaban la isla en dirección oeste. Entre ellos estaba Aldruin, un medioelfo sin miedo a la muerte, iniciado de Aldrya y Yelmalio, que solía sufrir ataques de violencia incontrolada: un buen compañero en la batalla, pero impredecible en tiempos de paz.  Aldruin había traído con él a Godspell, un elfo marrón ansioso de vivir nuevas experiencias lejos de los bosques, y Ekkaia había reclutado a Inblinar Sbuff, un hobbit de profesión desconocida y curiosidad infinita, que casualmente tenía el dinero suficiente como para completar el pago del barco. Los marineros eran Nabuco, al que habían conocido poco antes del episodio de la taberna, y Pentus, que había sido contratado junto con el viejo capitán, que en ese momento viraba a estribor y dirigía al “Torrao de los Mares” hacia el interior de la bahía Ostankach, donde estaba el único puerto de la isla, Puerto Soldado.

La isla de los Grifos era tal y como venía descrita en el mapa: tenía más de 500 km. de norte a sur y casi 900 km. de este a oeste. La población principal estaba compuesta por Votankis y Zaringas. Los Votankis eran humanos primitivos que cazaban con perros y que estaban divididos en doce tribus establecidas en el centro y el lado occidental de la isla, y los Zaringas eran Votankis que, debido a un prolongado contacto con mercaderes civilizados, podían ser considerados como una cultura bárbara. Había tres pequeñas ciudades-estado Zaringas: Surlt y Nidik en el centro; y Ockless, que tenía una alianza con tribus orcas, al suroeste.  También había pequeñas comunidades de elfos, enanos, broos y slarges (una antigua raza de lagartos humanoides). La cuarta ciudad, Puerto Soldado, era un puesto comercial habitado por mercaderes y mercenarios extranjeros.

A una milla de la costa fueron interceptados por dos barcos de Puerto Soldado, que querían cerciorarse de que el mercante recién llegado no fuera pirata. Les escoltaron hasta la playa y les cobraron 10 monedas de plata por varar en ella, les dijeron que si no querían pagar tendrían que ir a una playa rocosa más alejada. La llegada del mercante no despertó gran curiosidad, al parecer era normal que de vez en cuando llegaran pequeños barcos con buscadores de fortuna. Desde alli, los mercenarios de la guarnición les condujeron, a través de la puerta de la muralla y atravesando la calle principal, hasta la torre, para tener audiencia ante el Gran Plutarca Maugre.

Maugre llegó a la isla de los Grifos ocho años atrás como mercenario, se hizo con el poder en lo que entonces era un pequeño pueblo de pescadores, y lo convirtió en el único refugio seguro para barcos en toda la isla.  Durante esos años amasó una gran fortuna a base de cobrar elevados impuestos tanto a la población como a los capitanes mercaderes.

Al llegar a la torre, los mercenarios les dejaron en manos de los Trilanceros, la guardia personal del Gran Plutarca, que les escoltaron hasta la sala de audiencias. Allí estaba Maugre, sentado en un trono de madera, acompañado por Gladstone, su siniestro hechicero, y por Manscher Boldbuster, el capitán de los mercenarios.  Gladstone era un ser de miembros deformes y escasa estatura que iba encapuchado, y al que nadie le había visto el rostro: un personaje temido en toda la ciudad.

El Gran Plutarca pareció desilusionado al enterarse de que no eran mercaderes, pero aún así les invitó a comer, como era su costumbre, y les ofreció un contrato como mercenarios para la guarnición de la ciudad. Ekkaia, que no estaba hecha para la monótona vida del centinela, declinó la oferta todo lo educadamente que le permitían sus rudos modales.

Después de la recepción, el grupo dio un paseo para explorar la ciudad y buscar posada, cosa que no les costó mucho tiempo porque sólo había una, la “Posada Número Uno”. Puerto Soldado no era más que una villa de mil habitantes situada en el extremo de una pequeña península, con la torre del Gran Plutarca en el extremo y una pequeña muralla que la defendía de ataques por tierra.

Tomaron habitaciones en la posada y salieron por la puerta de la muralla para descubrir que les cobraban una moneda de plata cada vez que entraran o salieran de la ciudad.  Extramuros estaba la explanada del mercado; el altar de Votank y  Zutchko (los dioses de la caza y de los perros); la colina del templo de Aeolus, que era el nombre que los Zaringas daban a Orlanth; y las chozas de los pescadores y los porquerizos.

Se acercaron al pequeño poblado de chozas, cerca de la playa pedregosa, y vieron varado un pequeño mercante en mal estado de conservación y con la cubierta atestada de hombres semidesnudos y maniatados.  Inmediatamente se presentó ante ellos un hombrecillo grasiento, con anillos en las manos y ademanes de comerciante, acompañado por dos enormes guardaespaldas armados con mazas. Se presentó como Pheyutz de Tamar, mercader y capitán de “La Flecha de Corda”. Les dijo que necesitaba un grupo de mercenarios para escoltar su caravana de esclavos votankis hacia la ciudadela de Ockless para venderlos allí.

Aceptaron el trabajo, porque estaban sin fondos, y partieron a la mañana siguiente. Recorrieron las estepas sin contratiempos, y al octavo día de marcha atravesaron el vado del río Midir y acamparon para pasar la noche. De madrugada una lluvia de primitivas flechas con punta de sílex cayó sobre el campamento, mientras respondían al ataque descuidaron la protección de los esclavos y un grupo de cazadores votankis del clan Ojos Nocturnos logró liberarlos. En la refriega cayó Godspell alcanzado por dos flechas en el pecho, y descubrieron que Inblinar Sbuff, el hobbit, era más de lo que parecía, pues tenía un bastón matriz de un conjuro de invisibilidad.

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