La Saga de Santuario-10

ATENCIÓN: ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DEL MÓDULO DE WARHAMMER “SHADOWS OVER BÖGENHAFEN”

Viaje hacia el Caos, segunda parte.

Al cabo de unos minutos Tiberio Septimiano dió la voz de alarma y por el callejón aparecieron una detrás de otra cinco carrozas. En total se apearon dieciseis hombres que fueron entrando en el almacén. Sir Ordaín le echó a Lord Olger un conjuro de Telepatía, pero al parecer algo se torció y todos los presentes se vieron afectados por el conjuro, ¡incluídos sus enemigos!. Cuando Sir Ordaín empezó a comunicarse con Olger todos los encapuchados se pusieron en guardia y comenzó un combate generalizado por todo el almacén. Mi señor Lord Devon combatía con la espada en una mano y la pistola en la otra, y de esta manera logró derribar a tres enemigos, mientras Lord Olger se ocupaba de otros dos con su espada y Diomedes, el escudero de Sir McDugal, caía combatiendo contra dos de los guardaespaldas. Sir Ordaín detectó Caos en uno de los encapuchados y se lo comunicó telepáticamente a Olger (al igual que a todos los enemigos), de forma que la misteriosa figura encapuchada supo que él era el objetivo principal y se escabulló aprovechando revuelo del combate. Cuando mi señor y sus compañeros lograron acabar con todos los guardaespaldas oyeron relinchos y sonido de cascos sobre el empedrado del callejón. Salieron corriendo y vieron que tres de los carruajes estaban huyendo a toda velocidad, y en medio del callejón estaba, desafiante, el encapuchado caótico. Olger y McDugal se fueron a por él, pero entonces sopló y, por efecto de su magia caótica, los caballos del carro más cercano se desplomaron al igual que Sir McDugal, que quedó tendido en el suelo en posición fetal (algunos bromeron después diciendo que estaba en “posición oval”, por ser un pato). Lord Olger resistió el poder del soplo y, recogiendo a Sir McDugal se refugió con los demás en el almacén. Cuando se atrevieron a asomarse otra vez al callejón  comprobaron que el encapuchado había desaparecido, y que en su lugar había un piquete de 6 estibadores armados con cuchillos, palos y arpones. Se lanzaron a por ellos y les abatieron, pero Sir Ordaín acabó con una fea herida de arpón en la muñeca, que necesitó la intervención de mi Señor Lord Devon, pues estaba perdiendo mucha sangre. Lord Olger se subió a la carroza restante y salió en persecución de los carruajes huídos, pero no logró alcanzarles y volvió, a pie, al cabo de un cuarto de hora.

Cuando la Guardia Real apareció con Steinhagger, Sir McDugal ya había vuelto en sí y todo el grupo se lanzó a una búsqueda frenética por toda la ciudad: se registró sin resultado la casa de Teugen, las alcantarillas y los muelles. Steinhagger les contó que el personaje encapuchado había aparecido hacía tres meses, que se llamaba Gideon, y que sólo Teugen sabía dónde vivía. La búsqueda continuó infructuosamente hasta que el halcón familiar de Dargo vio luz en un almacén en los muelles al otro lado del río. Acudieron todos rápidamente y llegaron allí a las doce menos cuarto de la noche. Sir Ordaín detectó caos en cuanto se acercó al edificio, y del interior del almacén provenían cánticos en Lengua Oscura. Con maderos recogidos en los muelles improvisaron un ariete y derribaron las puertas del almacén, pero se encontraron con un muro de piedra que les bloqueaba el paso. Parecía que no había sido construido por el hombre, ¡sino que había sido levantado por medio de artes mágicas!. Eso no les desanimó, porque los cánticos aumentaban en ritmo y fuerza, así que siguieron golpeando con el ariete hasta que consiguieron abrir un agujero por el que Sir Ordaín disparó flechas y consiguió derribar a uno de los encapuchados. Lord Devon miró por el agujero, pero sólo alcanzó a ver que el misterioso encapuchado llamado Gideon le estaba mirando fijamente y después cayó inconsciente.

Olger y Ordaín, que también cayeron víctimas de la magia caótica de Gideon, fueron los primeros en recuperarse del desmayo. Lord Olger descubrió que no llevaba el Yelmo de Agamenón y vió que Sir McDugal se lo estaba llevando. Hubo un momento de tensión y luego el pato, muy digno, se lo devolvió. Cuando mi señor logró despertarse notó que la tierra estaba temblando, el almacén estaba en llamas y se oían gritos de terror en el interior. Sir McDugal, Dargo y los escuderos les arrastraron alejándoles del almacén, y en ese momento la tierra volvió a temblar más fuerte aún, y el tejado del edificio salió volando en mil pedazos impulsado por un chorro de material  viscoso que se elevó a 20 metros de altura. Al instante empezaron a caer cosas al río, y sobre tejados y calles: ¡ eran gorps, una lluvia de gorps !. Huyeron por las calles en dirección al puente mientras los gorps caían a su alrededor. Cuando estaban cruzando a la otra orilla una segunda explosión destruyó completamente el almacén y en su lugar quedó un enorme agujero del que seguían brotando a chorro centenares de esas inmundas plagas caóticas.

Al llegar a la otra orilla descubrieron que los caballos habían huído, así que avanzaron pegados a las paredes por los muelles en medio del caos general, con civiles que corrían de un lado a otro, y que aquí y allá eran alcanzados por algún gorp o por escombros del destrozado almacén que seguían cayendo del cielo. Alcanzaron las barcazas y soltaron amarras mientras los gorps caían sobre la cubierta. Estaban todos matando gorps con antorchas cuando una tercera explosión lanzó al aire adoquines, tierra y rocas, y el muelle se vino abajo por la presión de las aguas del río, que empezaron a precipitarse por el enorme agujero. Esto acabó con el chorro de gorps, pero ahora el agua que se precipitaba por el agujero estaba creando una corriente que les arrastraba, así que cortaron el cabo de la segunda barcaza para ir más ligeros y así consiguieron alejarse lentamente de la ciudad. Al cabo de unos pocos kilómetros notaron que la barcaza hacía agua por la sentina, y pensaron que sin duda un gorp se había pegado al casco y lo había agujereado con sus ácidos.

Vararon en la ribera y desembarcaron. Dargo envió a su halcón familiar con un mensaje para el Chambelán, contándole la situación en Bögenhafen. El halcón encontró la galera del Rey embarrancada en una isla del delta, cuyas aguas estaban plagadas de gorps. El Rey y su séquito habían montado su campamento en la isla y solicitaban que se les enviara otra galera para rescatarles. Lord Olger redactó un mensaje para el Senescal de Santuario ordenándole que enviara una galera para rescatar al Rey. Después emprendieron el camino de vuelta a pie. En Weisbroock compraron monturas para todos y recogieron noticias sobre Bögenhafen: se decía que en la ciudad mucha gente había despertado con mutaciones y el país entero estaba sumido en el caos. Al parecer el rey de Altdorf había huído hacia el norte para alejarse de la plaga y organizar la cacería de mutantes. El halcón regresó de Santuario al día siguiente con un mensaje que confirmaba que una galera estaba en camino. Dargo lo envíó de vuelta al delta para controlar la situación del Rey, y cuando volvió las noticias no fueron buenas: el Rey y la mitad de su guardia estaban atrincherados en una colina rodeados por el resto de sus hombres, que se habían convertido en mutantes. La situación era sin duda desesperada.

Al cabo de cinco días de marcha alcanzaron Minas Anghen y descansaron en la torre de Sir Osric. Al día siguiente emprendieron de nuevo la marcha hacia Santuario. Al cabo de tres días más alcanzaron el río Nan Lefnui, y siguiendo el camino de la ribera pensaron que llegarían pronto a Santuario, pero pronto comprendieron que la cosa no sería tan fácil, pues empezaron a encontrar granjas y campos quemados. Al poco tiempo divisaron el primer pueblo dependiente del distrito de Santuario, el feudo de Sir Odonil, Senescal del castillo de Bolgrad: En la torre ondeaba su bandera y se distinguía un centinela, pero el pueblo estababa rodeado por un foso y una empalizada improvisados. Se acercaron al pueblo deseosos de obtener noticias de los soldados de Sir Odonil, hasta que Lord Olger, que iba de avanzadilla con su escudero Hiposulfo, observó que los centinelas de la empalizada estaban demasiado quietos. Dargo envió a su halcón familiar y descubrió que el pueblo estaba tomado por orcos de las montañas y que incluso iban acompañados por un troll de las cavernas. En cuanto volvieron grupas les cayó encima una lluvia de flechas negras. Las monturas de Lord Olger y de Hiposulfo cayeron bajo las flechas orcas y los dos rodaron por el suelo, y cuando Hiposulfo se puso en pie recibió dos flechas y cayó mortalmente herido. En el grupo principal varios caballos fueron alcanzados pero, al estar más alejados del pueblo pudieron salir del radio de alcance de los arcos orcos y ponerse a cubierto. Lord Olger quedó solo en tierra de nadie y desde el pueblo cargaron contra él 16 orcos, 4 huargos y un troll de las cavernas. Al llegar a su altura se detuvieron y le rodearon, pero sin atacarle. Sir Ordaín se lanzó a la carga para acudir en su ayuda, pero Lord Olger le ordenó que se retirara y que le esperasen a un día de marcha. Ordaín obedeció a regañadientes y volvió con los demás.

Se alejaron de allí para curar a los caballos heridos y a decidir su próximo movimiento. Desde el aire el halcón familiar de Dargo vigiló a Lord Olger y vio cómo entraba en el pueblo con los orcos y hablaba con ellos como si fuera algo cotidiano. Por la noche rodearon el pueblo y siguieron cabalgando hacia Santuario. En el siguiente pueblo la guarnición les contó que una fuerza de unos mil orcos bajaron de las montañas y atacaron todos los pueblos de la comarca. En algunos casos se dieron situaciones heróicas en donde ocho hombres contuvieron el ataque de un centenar de orcos. La fecha del ataque coincidió con la ceremonia celebrada por Gideon en Bögenhafen. Al día siguiente llegaron al castillo de Bolgrad, desde donde el Senescal Sir Odonil organizaba la defensa.

A lo largo de la siguiente semana el halcón siguió vigilando a Lord Olger. Durante seis días convivió con los orcos hasta que llegó al pueblo un contingente de 30 orcos y dos trolls de las cavernas. Parlamentó con el jefe orco y cuando abandonó el pueblo este le hacía reverencias. Olger, con un cuervo posado en el hombro, recorrió los caminos buscando a Lord Devon y a los demás, y al ver que no estaban donde habían quedado emprendió el camino hacia Bolgrad. Sir McDugal viajó hasta Santuario para convencer al sumo sacerdote de Yelm de que Lord Olger estaba bajo el influjo del Caos, y cuando Olger llegóal castillo de Bolgrad fue encarcelado por orden de mi señor Lord Devon.

Cuando el sacerdote de Yelm llegó al castillo y escuchó las pruebas que había contra Lord Olger comenzó sin más dilación la ceremonia de excomunión. Mientras tanto mi señor metió el Yelmo de Agamenón en un saco y zarpó en un barco desde el puerto de Santuario para arrojar el saco al mar. Cuando volvió comenzó el interrogatorio de Lord Olger, presidido por mi señor y el sumo sacerdote de Yelm, y asistidos por Vaguette, el hobbit alquimista, que había preparado un conjuro para que el acusado contara toda la verdad. Lord Olger se defendió diciendo que no sabía nada de la conjura caótica en Bögenhafen pero admitió que los seres caóticos sentían afinidad hacia él y que durante su estancia en el pueblo ocupado los orcos habían acatado sus órdenes. También admitió que cuando se infiltraron en el templo de Krarsht se había escondido y después había escapado.El Sumo sacerdote de Yelm decidió esperar a la vuelta del Rey para que él decidiera el futuro de Olger, y más aún sabiendo que estaba sujeto a la Maldición del Yelmo y que se convertiría en un espectro tras su muerte.

Dos días más tarde  la situación política cambió radicalmente. Llegó la noticia de que el barco del rey había vuelto cargado de mutantes y que tuvieron que hundirlo, dándose por muertos al Rey y al Chambelán. A la semana siguiente recibieron noticias de Pelargir: el almirante Castamir había asesinado a la Familia Real y se había proclamado rey.

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