La Saga de Santuario-9

ATENCIÓN: ESTE CAPÍTULO CONTIENE SPOILERS DEL MÓDULO DE WARHAMMER “SHADOWS OVER BÖGENHAFEN”.

3.2      Viaje hacia el Caos, primera parte.

Después de su nombramiento como Gobernador de Santuario, Lord Olger recibe la orden de dirigirse al Reino de Altdorf. El Rey de Gondor tiene previsto realizar un viaje a Altdorf, concretamente a la ciudad de Bogenhaven, para firmar una alianza. Hasta Gondor han llegado rumores de un brote de Caos en Altdorf. La misión de Lord Olger consiste en adelantarse e investigar la situación en el país para determinar si es seguro para el rey Valacar.

Una mañana de noviembre de 1622 el grupo sale de Santuario a caballo aparentemente en un periplo para inspeccionar el territorio del Gobernador. El grupo lo componen Lord Olger, Sir Devon, Sir McDugal, Sir Ordain, Dargo y 3 escuderos. Toman el camino del sur en dirección a Minas Anghen, el feudo de Sir Osric. Pasan dos días bajo la hospitalidad de Osric y parten en dirección a Altdorf. Dos días después divisan algo grande volando en círculos sobre sus cabezas, los caballos se ponen nerviosos, el animal pica hacia ellos, es un Wyrm, una serpiente alada del tamaño de un caballo. Dargo y Devon lo derriban con conjuros de paralizar y el wyrm se estrella contra el suelo con estrépito. El hechicero le ataca por la espalda con su falcata y mi señor le dispara con el trabuco thompson. La bestia muere. Al día siguiente encuentran a un ermitaño malkionita a la vera del camino. Se dirige al pato y le dice mirándole como en trance que se dirigen a un sitio muy peligroso y que la vida de mucha gente depende de ellos. Todos se quedan pensativos.

Por la noche todos duermen menos mi señor y su escudero Tiberio Septimiano, que están de guardia. Oyen a los caballos relinchar y después un rugido seguido de crujir de huesos y más relinchos histéricos, los caballos cocean en la oscuridad y todos se despiertan alarmados. Dargo envía a su halcón familiar y éste divisa a dos trolls de las cavernas que se están cebando con los caballos. Lord Olger da un rodeo y les ataca por la espalda. De un solo golpe derriba a uno de ellos mientras mi señor desperdicia varios proyectiles de thompson sin resultado. Ante el asombro de todos el pato Sir McDugal carga frontalmente contra el troll que queda en pie y los demás aprovechan para atacarle por todos los flancos. El troll cae con múltiples heridas y el escudero de McDugal resulta herido, pero es curado por mi señor y Ordain con magia espiritual. Los trolls han matado la montura de mi señor, un caballo de batalla que había costado 6.000 piezas de plata.

Después del combate en el campamento siguieron camino y llegaron a un pueblo donde compraron otro caballo. La gente les dice que en los caminos hay muchos bandidos, que al rey sólo le preocupa proteger las ciudades y el comercio del río. El ejército se concentra en las ciudades y la gente que se adentra en los bosques no vuelve. El poder lo tienen los mercaderes y los gremios. También les cuentan que un pueblo fue arrasado y quemado por un cazador de brujas, y que el alcalde fue empalado y quemado.

Al día siguiente emprendieron de nuevo el camino y hacia el mediodía se toparon con una diligencia volcada y seis hombres saqueando los cadáveres de los viajeros. Cuando se acercaron a ellos vieron que estaban enloquecidos y que dos de ellos tenían tres brazos. Se metieron en combate para descubrir que uno de ellos tenía aliento de fuego, que otro tenía la piel dura como cota de malla, y que todos ellos regeneraban los daños que recibían. Les costó mucho matarlos y para ello tuvieron que descuartizarlos. Durante el combate Dargo se equivoca al lanzar un  hechizo y se desmaya. Cuando despierta ha olvidado lo sucedido y con el tiempo llegó a confesar que después de ese episodio notó una leve pérdida en sus capacidades mágicas que nunca llegó a recuperar. Después del combate registraron los cadáveres y descubrieron que uno de los viajeros era idéntico a Dargo, y entre sus papeles hay una acreditación para reclamar la herencia de un Barón. A partir de ese momento el hechicero tomó la identidad del muerto, de nombre Kastor. Al día siguiente llegaron a  la capital, alquilaron dos barcazas y bajaron por el río en dirección a Bogenhaven, la ciudad donde desembarcaría el Rey Valacar a su llegada a Altdorf.

Bogenhaven era una ciudad de cinco mil habitantes con un importante puerto fluvial. Estaba gobernada por un Consejo de 15 notables de las cuatro principales familias de mercaderes. Cuando el grupo llegó la ciudad estaba en fiestas. Sir Ordain se apuntó a la justa para tomar contacto con los nobles locales. El resto siguió de incógnito; recorrieron las tabernas, el mercado y la feria, y averiguaron que desde hacía tres meses se veían mutantes en el bosque y los caminos. Durante sus pesquisas en el mercado dos hombres le hicieron a Dargo unas extrañas señas a las que él contestó de igual manera. Esto no satisfizo a los desconocidos, que se perdieron entre la multitud. También vio a un hombre corpulento que parecía seguirle, pero cuando Dargo se giró para mirarle con detenimiento se escabullo por una bocacalle. Por la noche Lord Olger y mi señor se dirigieron a investigar en el templo local de la Diosa del Amor. Mientras tanto los demás se enteran de que un trasgo de tres piernas se ha escapado de su jaula en la feria y de que dos artesanos han aparecido muertos, flotando en el río.

Lord Olger y mi señor se despertaron muy tarde al día siguiente y parecían tan agotados como después de una batalla. Se dirigieron a la feria extramuros a investigar la desaparición del trasgo, pero sólo pudieron rastrear sus huellas hasta una entrada a las alcantarillas de la ciudad. Estaban indecisos sobre la conveniencia de investigar más a fondo este caso cuando oyeron las trompetas que anunciaban las justas, y se encaminaron hacia allí para ver cómo se comportaba Sir Ordaín. Llegaron a tiempo para ver como era desmontado de un lanzazo en su primer encuentro y se lo llevaban a la tienda del sanador para que examinara sus heridas.

En vista de que Sir Ordaín sólo tenía las costillas magulladas dedicaron la tarde a hacer varias pesquisas. Sir McDugal exploró superficialmente la alcantarilla por la que escapó el trasgo. Lord Olger fue a ver a los abogados que llevaban la herencia de Kástor, y le informaron que había otros dos herederos del Barón. Mi señor, Sir Devon, se dirigió al río a indagar sobre las muertes de los artesanos, y averiguó que los sacaron del agua con saetas clavadas en la espalda. Desde allí se encaminó a presentar sus respetos en el velatorio de los dos artesanos fallecidos y descubrió que se trataba de los dos hombres que hicieron esas extrañas señas a Dargo en el mercado.

Esa misma noche decidieron explorar las alcantarillas de la ciudad en busca del trasgo huído. Lord Olger, Sir Devon, Sir McDugal, Sir Ordaín y Dargo bajaron a las alcantarillas por una entrada cercana a su posada y después de unos minutos de vagar por los infectos túneles encontraron huellas del trasgo mutante que les llevaron ante una abertura cerrada con una reja. A través de ella vieron una habitación con un armario, un pentagrama pintado en el suelo con candelabros en cada una de las puntas, y un esqueleto de trasgo con tres piernas. Dargo sabía que el pentagrama se utilizaba en rituales demoníacos, pero a la vista de que Sir Ordain no sentía rastros de Caos decidieron entrar. Sir McDugal logró forzar la cerradura con facilidad y todos entraron a inspeccionar la habitación. Lord Olger encontró una puerta secreta y Dargo descubrió como abrirla, pero en ese momento Sir McDugal abrió el armario.

Mi señor Sir Devon me relató que sólo alcanzó a ver dentro del armario un cuchillo ensangrentado y una calavera humana con lo que parecía una banda de hierro alrededor de su frente. No pudo ver más porque de pronto se hizo la oscuridad. Sabían que las antorchas no se habían apagado porque notaban su calor, pero poco a poco la temperatura de la habitación fue bajando y empezaron a sentir una sensación de aprensión y perdieron la confianza en sí mismos y en su misión. Dargo dijo que sentía como si la habitación estuviera viva o que un ser viviente ocupara toda la estancia, y después pudieron oir claramente una voz que les dijo “¡No me obligueis a mataros!”. Ante tal demostración de nigromancia todos salieron corriendo a la alcantarilla y mi señor sacó su pistola a la que él llamaba revólver, disparó dos veces hacia el interior de la habitación, y la oscuridad desapareció como por arte de magia.

Después de unos minutos se sintieron con fuerzas para volver a entrar y se acercaron a la puerta secreta con intención de abrirla. La voz misteriosa se volvió a oir: “¡Os lo advertí!”. En el centro del pentagrama se empezó a formar un vórtice de aire y humo mi señor gritó a sus compañeros que le siguieran, al tiempo que abría la puerta secreta y subía por la escalera que había al otro lado, pero al cabo de unos pocos metros se encontró de frente con un muro. Era evidente que allí habría otra puerta secreta, pero no disponían de mucho tiempo para buscarla porque en la retaguardia ya se oían ruidos de combate.

Todos estaban encajonados en la escalera, sin poder huir hacia arriba mientras Dargo cubría la retaguardia. Del vórtice de aire brotaron seis Chon-Chon que atacaron de inmediato al mago, que fue retrocediendo hacia la escalera defendiendose con su espada. Al poco tiempo logró deshacerse de todos esos deleznables seres gracias a que los Chon-Chon no consiguieron atravesar su poderosa armadura mágica. Desde entonces el hechicero fue conocido por todos como Dargo “Matachonchon”.


Sir McDugal consiguió descubrir cómo funcionaba el mecanismo de la puerta secreta y mi señor la abrió y se encontró con un despacho de una mansión adinerada donde le reciben tres guardias armados con cimitarras y ballestas. Dos saetas yerran el blanco y la tercera rebota contra la armadura de Lord Olger. Todo el grupo se lanza al ataque y a los pocos segundos dos guardias yacen muertos en el suelo y el tercero, malherido, es interrogado y rematado después por Lord Olger.  El guardia les contó que se encontraban en las oficinas de la familia Steinhagger, miembros del Consejo de la ciudad y propietarios de minas en las montañas. Su señor les había dicho que defendieran la casa de los intrusos que estaban en el sótano y luego huyó por la puerta principal.

Registraron el despacho y encontraron una habitación que hacía las veces de  caja fuerte, pero el hechicero dictaminó que estaba protegida mágicamente así que no intentaron entrar. Mi señor halló una carta de Johanns Teugen, jefe del Consejo, citando a Steinhagger a una reunión en su casa pero no especificaba en qué fecha. La carta presentaba un sello con forma de pentagrama con una cabeza de broo en el centro. Cuando oyeron que se acercaban más guardias huyeron por las alcantarillas y regresaron a la posada. Ya cerca de su destino, y en medio de la niebla, una saeta rebota contra la armadura de Lord Olger. Ven a un encapuchado que huye por una calle lateral y consiguen capturarlo. Confiesa que un hombre corpulento le contrató para tender una emboscada a alguien que pasaría por esta calle. Dos saetas más silbaron por encima de sus cabezas, se pusieron a cubierto y vieron a dos hombres, uno de ellos muy corpulento, que huían corriendo entre la niebla. Decidieron no seguirles para evitar una nueva emboscada en una ciudad desconocida para ellos y sin visibilidad. Mataron al mercenario cautivo y regresaron a su posada sin más dilación. Mientras Lord Olger redactaba un informe para el Rey, a dos días de su visita oficial, mi señor Sir Devon observó a través de la ventana un escalofriante eclipse de luna, sin duda un mal presagio que pronto se vería confirmado.

El Rey de Gondor y el Rey de Altdorf llegarían a Bogenhafen por el río, por el sur y el norte respectivamente, y firmarían el tratado en el templo de Yelm. A la mañana siguiente Sir Ordaín recorrió las mansiones de las principales familias de la ciudad intentando sentir algún rastro de Caos, sin resultado. Lord Olger y mi señor sospechaban que varias familias estaban confabuladas con un servidor del Caos para invocar algún ser caótico que asesinara al Rey de Altdorf y que las culpas cayeran sobre nuestro amado Rey, para que el pueblo rechazara el tratado de anexión y beneficiar a algún heredero del Rey, que también estaría implicado. A la mañana siguiente cambiaron de posada intentando que nadie les siguiera.

Durante las pesquisas por las calles de la ciudad un predicador enajenado se acerca a Dargo y le dice “tú estás marcado… cuidado con los portadores del Caos… he visto 7… he visto 9… la estrella en el círculo… el hombre que no es hombre…” también habla de símbolos y malos presagios. Dargo ordena a su halcón familiar que siga al predicador hasta su casa, un edificio de viviendas pobres carva del río. Después él y Sir Ordaín acuden allí para interrogarle en privado. Los vecinos le indicaron en qué planta se encontraban sus aposentos y cuando llegaron se encontraron la puerta entreabierta y un reguero de sangre que les condujo al cadáver del predicador, al que habían degollado. Debajo de la almohada encontraron un colgante con el escudo de los Teugen.

Por la noche vuelven a entrar en las alcantarillas con la esperanza de encontrar algún acceso a una de las mansiones de las familias del Consejo. No encuentran nada parecido, pero oyen pasos por los túneles y los siguen hasta los muelles, en la ribera del río. Al salir de las alcantarillas les sorprende un gran resplandor en el cielo, seguido de un rugido escalofriante y un fuerte viento que dispersa la niebla. por encima de sus cabezas pasó una enorme bola de fuego que dejaba una estela de humo, y durante diez segundos la noche se hizo día.

Con el sobresalto causado por el meteoro perdieron el rastro del hombre al que seguían, así que volvieron a la posada. A la mañana siguiente la ciudad estaba conmocionada y sólo se hablaba de malos augurios. Durante la comida un lacayo de la Casa Margidius pregunta por Sir Ordaín y le entrega una invitación para acudir a una reunión urgente en la mansión familiar. Todos están seguros de que se trata de una trampa, pero aún así Sir Ordaín, Lord Olger y Sir McDugal acuden a la cita mientras Sir Devon vigila las calles. Dentro de la mansión encuentran el cadáver de un hombre de mediana edad vestido con ropas de calidad. En el suelo parece que ha escrito algo con su propia sangre: “ALM 13”. Salen de la casa mientras oyen los gritos de la guardia de la ciudad que se acerca. Sin duda alguien ha intentado implicarles en el asesinato.

Por la noche acudieron al almacén número 13 de los muelles fluviales. El edificio era lúgubre y sólo tenía estrechas saeteras. Sir Ordaín sintió Caos en el edificio y Lord Olger se acercó por la parte de atrás y echó un vistazo por las saeteras. A través de una de ellas vió un guardia armado con ballesta y cimitarra acompañado por dos perros. El guardia descubrió a Dargo asomándose por una saetera y le disparó con la ballesta pero erró el tiro. El hechicero hizo uso de sus artes mágicas y el guardia cayó sin sentido, los demás entraron en el almacén y acabaron con los perros y amordazaron al guardia. Mi señor ordenó a su escudero, Tiberio Septimiano, que se pusiera el uniforme del centinela, mientras los demás ocultaban los cuerpos y tapaban las manchas de sangre con cajas.

La niebla ya había hecho acto de presencia cuando por el callejón oyeron un carro que se acercaba y todos se escondieron entre las cajas menos Tiberio Septimiano, que hacía las veces de centinela. Un carruaje con el escudo de Steinhagger se detuvo ante el almacén y de él se bajó un hombre de aspecto adinerado acompañado de dos guardias armados con ballestas y cimitarras, y que cargaban cada uno con un saco. Entraron y dejarion caer en el suelo los sacos. El hombre ordenó a Tiberio Septimiano que saliera fuera a hacer una ronda, y en ese momento Sir Ordaín empujó sin querer una caja que cayó con estrépito y todos se vieron obligados a lanzarse al combate. Lograron acabar con los guardaespaldas con facilidad y después interrogaron a Steinhagger, que les acusó de ser los asesinos de un tal Margidius. Dijo que Teugen le había ordenado usar la sal y los candelabros que llevaba en los sacos para hacer un pentagrama. Dentro de poco aparecerían todos los miembros del Consejo, acompañados de dos o tres guardias cada uno, para hacer una ceremonia ante el pentagrama. Gracias a la ayuda de Teugen conseguirían alejar el Caos que azotaba su país. No sin esfuerzo pudieron convencerle de que Teugen era en realidad un seguidor del Caos que les estaba manipulando con oscuras intenciones. Hiposulfo, el escudero de Lord Olger, se llevó a Steinhagger para intentar contactar con la Guardia Real, que tenía que estar al llegar, y presentar al mercader como testigo de la conjura de Teugen. Diomedes, el escudero de Sir McDugal, se puso la toga y la capucha de Steinhagger. Dibujaron levemente el pentagrama, escondieron los cadáveres, taparon la sangre con cajas yserrín y se dispusieron a esperar.

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2 comentarios

Archivado bajo Diario de campaña, RuneQuest, Saga de Santuario

2 Respuestas a “La Saga de Santuario-9

  1. Ekkaia

    Muy interesante la historia, lástima habérmela perdido como jugadora. Entonces, ¿era todo en realidad una conspiración para matar al rey? Igual hay que esperar hasta la próxima entrega para saberlo….

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