Anexo a la Saga de Santuario: Las Apostillas de Gimgli (1)

Apostillas al Relato de Nuño, Escriba del Castillo de Bolgrad.

Por Gimgli Vetaskai

Podéis llamarme Gingli, pero mi verdadero nombre es Gimgli Vetaskai, y no tengo nada que ver con la familia Vetaskat (que Mostal los mantenga en el infierno) aunque algún indocumentado se empeñe en otra cosa.

Soy un enano de hierro, eso quiere decir que el arte de la guerra no tiene secretos para mí, o mejor dicho no debería tenerlos, pues todavía sigo aprendiendo. Desde muy pequeño te fijan el futuro y te adiestran para él. Mostal es un dios bondadoso pero no permite errores.

Soy un Vestakai de la tribu de los Uringas, los más duros, aguerridos y tenaces de todos los enanos. De sus filas salen los escoltas y guardaespaldas de los grandes señores, príncipes y reyes, y para mi desgracia fui expulsado antes de concluir mis votos y mi aprendizaje. La causa fueron unos hechos que me han marcado de por vida. Pero esa es otra historia que alguien deberá contar por mí. Baste decir que me vi involucrado en un lio de hembras, de ahí mi fervor por ellas y de lo extraño que me ven como enano. Tuve que subsistir a la persecución y búsqueda que se organizó, y hube de vivir durante 7 años compartiendo cueva y comida con un oso de las cavernas, al que conocí  cuando era casi un cochorro. Diréis que 7 años es mucho rencor, pero así somos los enanos, tenaces y muy resentidos. Le llamaba Oso, y gracias a él me libré de algunos “problemillas” con las patrullas. Claro que cuando le puse el nombre no pensé en las consecuencias que acarrearía. Cada vez que alguna partida de cazadores o leñadores o simplemente gente del pueblo lo veía, salía despavorida gritando «¡¡El oso, el oso!!» y mi amigo atendía a la llamada, cosa que era un problema.

Cuando abandoné la cueva para salir de mi encierro me dolió de corazón dejarle atrás. Jamás he tenido un amigo como él, pero esa es otra historia y no tiene cabida aquí.

Es verdad que me gustan las hembras, todas las hembras y de cualquier raza, profesión o edad. Bueno, no todas….las de los orcos son muy desagradables y ariscas, ….aunque ahora que lo pienso…aquella de ….bueno mejor dejo eso para otra ocasión.

También es verdad que el agua no me gusta, donde esté una buena pinta de cerveza o un buen vaso de vino, para qué el agua. Tampoco entiendo porqué hay que mojarse cada tantos meses, eso puede provocar perder tu identidad olorosa/olfativa. Cada ser tiene un olor único que le difiere de los demás. Yo tengo el mío, ni mejor ni peor que otros, esto lo aprendí con mi amigo el oso y comprendí que el olor, al igual que tu apariencia o tu voz te diferencian de los demás. Otra cosa es que a los refinados de mis compañeros no les guste. Tampoco me gusta a mi ir acompañado de unos tipos tan….¿cómo lo diría?…..tan refinados y aseaditos.

Bueno centremos el troll. Recuerdo el asalto a la Mansión de Lady “O” y esos malditos «hijos de……Krarsht» y cuando nos colamos en la casa. Por cierto mientras mis compañeros se afanaban en buscar rastros de Karen y pegarse con los ogros, yo me encontré de bruces con una humana que resultó ser la cocinera, mujer oronda y de buenas carnes. ¡Tenía un tufillo a marisco recién cogido, embriagador! que me hizo emp…..quiero decir, estremecer en un instante y sin darme cuenta me encontré en su retaguardia clavándole mi lanza, Ufff…no puedo seguir con estos recuerdos. Menos mal que los demás no se dieron cuenta, creo.

El caso es que cuando encontraron el pasadizo al subterráneo, yo ya estaba junto a ellos y había dejado a mi cocinera suspirando…me imagino que para bien. Estaba lleno de energías renovadas (a mí, descargar el mosquete me relaja). Fue por esto que cuando vi a uno de esos encapuchados con una niñita humana me ocurrieron dos cosas: Primera, se me cayó la barba a los pies, ya que creía que íbamos a rescatar a una doncella de frondosos pechos y cosas así….y ahora veía que no. Y la segunda, me invadió un ardor guerrero y un cabreo descomunal por que pudieran hacer daño a la niña. Así pues corrí para alcanzar el sitio del templo donde se encontraba Karen y en el último momento vi como ese bastardo “hijo de broo” la tiraba por un pozo. Me dio igual, no lo pensé, solo tenía en mente protegerla. Por lo que salté detrás y ….el resto ya lo conocéis. Salvo que se menciona como de pasada el hecho de que con el maldito ácido que escupían los hijos de Krarsht, perdí un magnifico escudo que me costó un huevo y una cota de malla de la leche, que me costó aun más. ¿No os he dicho que también me gusta mucho el oro?, bueno pues sí, me gusta incluso más que las hembras.

Sobre mi siguiente trabajo prefiero pasar por encima y no recordarlo mucho. No fue un trabajo agradable el de estar tan cerca de un río, sobre una barca que se bamboleaba continuamente  y mojándose cada poco. ¡Horroroso!.

He de decir que al igual que mi hermano Urquhart (hermano en espíritu ya que no en sangre), yo tampoco fui una autentica Voz del río ese como se llame, no obstante tengo que decir que me vinieron muy al pelo los conjuros que me concedieron, ya que me sacaron de más de un apuro. En una ocasión use el de “Respirar Bajo el Agua” y no puedo por menos que admitir que incluso disfruté andando por el fondo (siempre voy con mi cota, por eso no me gusta el agua). Al final, las runas se borraron de mis manos, porque como dice mi hermano «…mi Señor Mostal, es muy exigente y la fidelidad que demanda es totalmente excluyente».

Sin embargo la aventura del Jardín de Genert y sus pantanos la recuerdo con más agrado. Quizás sea porque aquí tuve que emplearme a fondo y no estar en “barquitas y zarandajas” como en la otra. Recuerdo la gran escaramuza con los malditos broos y del hecho de que nos dirigimos a lo alto de la colina, no porque huyéramos, sino para tener una ventaja sobre los cabras-cornudos esos. ¡Gimgli nunca huye, si acaso se retira para buscar una nueva estrategia!.

Así pues, con la ventaja de estar en un lugar más elevado iba cortando cuernos, cabezas, brazos, manos. Maté a mas de 8 o 9 y estaba exhausto cuando me di cuenta que ya no había más, y que solo quedábamos tres de nosotros. Una verdadera carnicería…como a mí me gusta, ¡que coño! chorreando sangre (de broo, claro) hasta por los codos.

En las cuevas de la Meseta de las Estatuas recuerdo que sucedieron dos hechos que me marcaron de por vida y que uno no se menciona en los relatos de Nuño.

El primero fue que me perdí. No sé cómo, pero me perdí. Me encontré solo entre los meandros y entresijos de las cuevas y de pronto, de frente, un troll. Ya sabéis de mi aversión a las criaturas del Caos y que, en concreto, a los trolls no los puedo ver vivos, así que me lancé a por él con toda mi furia (para verlo muerto, claro) y por más tajos que le daba no le hacían mella. Fue entonces cuando me di cuenta que aquel ser no era un troll, no sabía qué era, pero no tenía buena pinta, en ese momento pensé «te queda poco para reunirte con tu Señor Mostal». Y cuando creí que había llegado el momento ….se rió …. se dio la vuelta para irse, al mismo tiempo que se transfiguraba de un troll en…..¡El Hombre Astado!. Durante largo rato estuve sentado apoyando la espalda contra la pared y la cabeza entre las rodillas, hasta que al final oí voces. Me levante con las rodillas temblorosas, no de miedo, sino de agotamiento y seguí las voces hasta encontrar a mis compañeros. ¿Qué significaba aquello? nunca lo supe. No sé si fue una prueba o una casualidad, pero pocos, muy pocos seres consiguen ver alguna vez al Hombre Astado.

El segundo lo cuenta mi amigo Urquhart maravillosamente bien y solo tengo que decir que yo, Gimgli Vataskai, de la tribu de los Uringas, enano mostali donde los haya, he estado ante mi dios Mostal y he vuelto. ¡Con dos cojones!

No penséis que solo he pasado por eso, ya os contaré como fui el único del grupo que entró en el Laberinto de la ciudad de Santuario y me hospedé en la taberna “El Vulgar Unicornio” haciéndome amigo del retorcido tabernero Un Pulgar. Pero esta es otra historia que ya tendrá cabida en otro momento.

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4 comentarios

Archivado bajo Apostillas de Gimgli, Diario de campaña, RuneQuest, Saga de Santuario

4 Respuestas a “Anexo a la Saga de Santuario: Las Apostillas de Gimgli (1)

  1. Urquhart

    Muy divertidas tus apostillas, Gingli!!! Me encanta hasta el nombre que les has puesto.

    • Gimgli

      Saludos, mi noble hermano Urquhart. Es un honor leerte de nuevo ¡cuanto tiempo!….espero que sigas practicando tus artes arcanas., nos vendrán bien. Ya sabes que no soporto a los magos. A los dos últimos no me faltó ganas de despeñarlos por un barranco, pero estaba el toca-pelotas-señoritingo ese de Olger y no quería tener más problemas con el grupo.

      Repito, un verdadero placer saber de ti.

      ʁʤʮΦ ΨΘϡЋℲ

  2. Guerrero

    Muy divertidas las apostillas Gimgli. Cuanto más os leo más me gustaría tener un personaje enano. Sigue escribiendo tus apostillas, me lo he pasado genial leyéndolas.

    • Gimgli

      Gracias por tus palabras de ánimo Gerrero. Si mi memoria fuera como mi brazo, no dudes que podría escribir hasta ocultar una montaña, pero mi memoria es delicada y frágil como piel de doncella y creo que solo podría ocultar la cagada de un Uro. Aún así intentaré llenar lo máximo de pergaminos que pueda, auque sea haciendo la letra gordota.

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