La Saga de Santuario-5

ATENCIÓN:  ESTA SAGA PUEDE CONTENER SPOILERS DE MÓDULOS OFICIALES. SI ERES JUGADOR Y VAS A JUGAR USANDO SUPLEMENTOS AMBIENTADOS EN PRAX, COMO RIVER OF CRADDLES, STRANGERS IN PRAX, O SHADOWS IN THE BORDERLANDS NO SIGAS LEYENDO.


Libro Segundo:  Los Años Olvidados y la Maldición del Yelmo.

En negrita los personajes jugadores

Capítulo Segundo. Los Años Olvidados

Indice.

2          Pavis

2.1         Aguas Turbulentas

2.2         Mioreighenet

2.3         Garhound

2.4         Las Cavernas Dyskund

2.5         Barren el Matamonstruos

2.6         La Maldición del Yelmo

2.7         La Búsqueda del Palantir

2          Pavis

Después de sus cuatro años de aventuras en la Isla de los Grifos el grupo se disolvió. Ekkaia se quedó con el halcón gigante, y con la propiedad del barco a medias con Inblinar Sbuff.  El hobbit decidió invertir sus ahorros en su tierra natal, la Comarca, y dedicarse al comercio y la cría de ovejas. Aldruin pidió a Ekkaia que le llevara en su halcón al bosque élfico de Arbolerón, donde pensaba reponerse de sus heridas. Los elfos se interesaron por sus aventuras  en la Isla de los Grifos, Aldruin les contó las excelencias de Ekkaia en el arte de la guerra, y ella se ganó su confianza con su talante honrado y directo. Finalmente el rey élfico le ofreció un feudo en la costa para que la defendiera de los saqueos de los piratas. Allí construyó una torre, y bautizó el sitio con el nombre de Kliébane.  Por su parte, Olger decidió seguir buscando aventuras y, acompañado por su heraldo y sus nueve seguidores, se dirigió hacia Pavis.

Olger no había estado nunca en una ciudad de verdad, pues hasta ese momento lo más grande que había visto era Puerto Soldado. Sus hombres le llamaban Sir Olger, así que designó como escudero a uno de ellos, de nombre Tigoma, y se hospedó en una posada. En sus paseos por la ciudad conoció a un par de aventureros sin trabajo y los reclutó para su grupo, porque no tenía mucha confianza en la habilidad de sus seguidores zaringas.  Uno de ellos era otro caballero, Sir Einar, que pertenecía a una orden de caballeros Malkionitas, un buen guerrero de pocas palabras y espada afilada. El otro era Gingli Vetaskai, un enano de hierro hosco y desconfiado, que además tenía costumbres alejadas de lo que debe ser un verdadero Mostali, era libidinoso como un sátiro y sucio como un mendigo.

Sir Olger y Sir Einar paseaban una noche por la ciudad cuando oyeron los gritos de una mujer, y acudieron de inmediato. La encontraron gravemente herida y no fueron capaces de salvarla. Sólo pudo decir antes de morir, señalando hacia un callejón, que unos encapuchados habían secuestrado a su señora. Los caballeros corrieron en esa dirección y sólo pudieron ver como unos encapuchados entraban en la mansión de Lady “O”. Al día siguiente hicieron averiguaciones por la ciudad, al parecer habían secuestrado a la hija de un noble del Imperio Lunar llamada Karen, y nadie había pedido rescate aunque la familia ofrecía una cuantiosa recompensa.

A pesar de que no estaban seguros de que los encapuchados que habían visto la noche anterior fueran los secuestradores, decidieron entrar esa noche en la mansión para investigar.

Penetraron en la mansión trepando por una de las paredes del patio de carruajes y entraron en la casa, donde fueron atacados por cuatro hombres vestidos de negro. Después de acabar con ellos e inspeccionarlos descubrieron que eran ogros, y sus dudas se disiparon. Subieron al piso de arriba y mataron a una mujer ogra que intentó morder a Sir Einar. Registraron la casa a fondo y no encontraron a Karen, pero sí una entrada  secreta que conducía a un templo subterráneo dedicado a Krarsht.

Desde una balconada vieron como se desarrollaba una ceremonia en el piso de abajo, hombres vestidos con túnicas negras paseaban y cantaban alrededor de un agujero circular delante del altar, y uno de ellos llevaba un bebé en los brazos. Una de dos, o esa era Karen o se habían equivocado completamente de lugar. No se lo pensaron mucho rato, bajaron corriendo las escaleras  y se lanzaron al combate cogiendo por sorpresa a los de Krarsht, pero el que llevaba al bebé lo arrojó al foso. Mientras sus compañeros se encargaban de los hombres de negro Gingli salto al agujero sin saber si era un pozo sin fondo, seguido por Tigoma. Cayeron al suelo desde una altura de dos metros y vieron a tres hijos de Krarsht que se llevaban al bebé por un laberinto de túneles, les siguieron y se entabló un fiero combate en los pasadizos, en el que Gingli acabó con los tres a cambio de perder su armadura a causa del ácido de las bestias. Cogió al bebé y vió que tenía una medalla colgada al cuello que la identificaba como Karen, acompañado de Tigoma salió corriendo en dirección al agujero por el que habían saltado desde el templo perseguidos por más hijos de Krarsht, y ya estaban a punto de ser alcanzados cuando Tigoma se quedó cubriendo la retirada del enano. Arriba el combate había terminado con todos los hombres de negro y el heraldo de Olger muertos, así que el pastizaleño y Einar pudieron ayudar a Gingli y a Karen a salir del pozo, mientras los hijos de Krarsht acababan con el valiente Tigoma.

Al día siguiente entregaron a Karen a sus familiares y cobraron la recompensa, pero a Sir Einar no le dio tiempo a gastarse el dinero, ya que un caballero de su misma orden Malkionita, Sir Gerwom, vino a buscarle para que se incorporase a una campaña militar. Esa fue la última vez que le vieron, pues los dos caballeros murieron al cabo de unas semanas durante el asalto al castillo de Trueque.

2.1      Aguas Turbulentas

Sir Olger alquiló una casa en Pavis para alojar a sus seguidores zaringas porque los gastos en la posada le estaban arruinando. El resto del año fue pasando en holgazaneo y entrenamiento a partes iguales, hasta que los fondos se fueron agotando. Durante estos meses se unieron al grupo Trislojif, un hobbit de dedos ágiles, Urquhart, un enano de piedra con avidez de nuevos conocimientos y aventuras, y Donaldus McKuak, un pato aficionado a las artes mágicas. Cuando la falta de fondos fue evidente, Olger buscó trabajo como mercenario.

El empleo llegó de la mano de los Ingilli, una rica familia de comerciantes de Pavis, que les ofrecieron una buena paga para llevar correspondencia y mercancías río abajo y entregarlos a los agentes comerciales de la familia en Corflú. Tuvieron que engañar a Gingli para que subiera al barco, porque siempre decía que el agua no se hizo para los enanos, aunque los demás opinaban que en realidad tenía miedo de caerse y perder la gruesa costra de mugre que tanto tiempo le había costado conseguir. Los seguidores de Olger se quedaron guardando la casa de Pavis y los caballos, mientras que Sir Olger, Gingli, Trislojif, Urquhart y McKuak emprendieron el viaje. La travesía en barcaza por el Zola Fel, el Río de las Cunas, desde Pavis a Corflú duró poco. No llevaban ni tres horas de travesía cuando la embarcación fue rodeada por el gorp más grande que jamás hubieran visto y zozobró, o más bien se disolvió, y todos sus ocupantes cayeron en el limo caótico dándose por muertos.

Olger estaba en la más absoluta oscuridad, oía sonidos distantes que no podía identificar y un olor húmedo y putrefacto se le metía por la nariz. Esto le hizo pensar, ¿cómo puedo oler algo si estoy debajo del agua? Abrió los ojos y, estupefacto, comprobó que estaba tendido boca abajo en un lodazal a orillas del río, rodeado de un campo de hierbas altas, y sus ropas empapadas como si acabara de salir del agua. Se incorporó y vió los cuerpos de sus compañeros tendidos también en el barro, y un grupo de babuinos gigantes que les estaban robando cinturones, mochilas y armas. Con el zarandeo de los babuinos se fueron despertando uno a uno y se organizó un gran desconcierto, Sir Olger y sus amigos conmocionados todavía por la experiencia, y los babuinos asustados de que los “cadáveres” que iban a saquear se levantaran de golpe. Después de unos momentos de sobresalto, gritos y amenazas, el diálogo se fue imponiendo y los babuinos les informaron de que se encontraban en el delta del Zola Fel, cerca de Corflú. La sorpresa fue total, habían pasado de caer dentro de un gorp cerca de Pavis a yacer en un lodazal a cientos de kilómetros río abajo.

Viajaron con los babuinos, liderados por su chamán, Chuff, en dirección a Corflú, y al cabo de unos kilómetros se percataron de que los cinco llevaban un especie de tatuaje en la palma de su mano derecha: las runas de Agua, Movimiento y Armonía. Por la tarde se despidieron de Chuff y el resto de los babuinos y al anochecer acamparon a orillas de un canal del delta. A la mañana siguiente se encontraron con dos pescadores en una canoa, que se ofrecieron para guiarles hasta Corflú. Por el camino los pescadores les contaron que desde hace poco sufrían una plaga de gorps e incluso dos pescadores del poblado habían desaparecido sin dejar rastro mientras faenaban en el delta. También observaron los estigmas en las manos de los cinco amigos e identificaron las dos primeras runas, agua y movimiento, como los símbolos del Dios del Río, y les dijeron que si eran devotos del Zola Fel podían visitar al sacerdote Sa’ar al llegar a su destino.

Corflú apareció ante ellos como una isla rodeada de pantanos en uno de los canales principales del delta. En las islas pantanosas cercanas se apiñaban las chozas de los pescadores del delta. Sarky y Dagis, que así se llamaban los pescadores que les guiaban, les dijeron que en las islas que rodeaban Corflú vivían unas trescientas personas que se dedicaban a la pesca, pero en la propia Corflú vivían otros trescientos fuera de las murallas del puesto lunar. Les advirtieron que no se dejaran ver con armas porque las tropas de ocupación del Imperio Lunar desconfiaban de los forasteros armados. Se acercaron a la isla por el norte, vararon en la playa del poblado de pescadores y se alojaron en las chozas de las familias de Sarky y Degis, mientras éstos salían a “hacer recados”. A escasos treinta metros del poblado se levantaba “la muralla de Corflú”, que no era más que una recia empalizada que rodeaba a dos edificios grandes y una quincena de pequeñas construcciones. La verdad es que los cinco amigos esperaban más del único puerto del delta del Río de las Cunas, a la postre una de las razones para que el Imperio Lunar invadiera Prax.

Sarky y Degis volvieron a mediodía acompañados del Reverendo Sa’ar, lo que fue una sorpresa para Olger y los suyos, no porque apareciera el sacerdote de Zola Fel, sino porque éste era un tritónido, que a los ojos de los cinco amigos no dejaba de ser más que un lagarto humanoide muy delgadito. El sacerdote les dio la bienvenida y pidió muy educadamente examinar los estigmas de los recién llegados. Después de examinarlos se sentó y se quedó mirando al infinito, Sarky les dijo entonces que el sacerdote estaba pensando y que “eso podía llevar un rato”. Olger y los demás esperaron perplejos unos cinco minutos hasta que el Reverendo Sa’ar volvió de su trance, y les contó con su voz pausada que la noche anterior había tenido un sueño que no comprendió hasta que vio a estos cinco extranjeros con las marcas en sus manos. Estos estigmas eran como los tatuajes que había visto anteriormente en el subculto de los Puros de Zola Fel, pues el Agua y el Movimiento son el Zola Fel, y la Armonía es la calma en el río, de la que son guardianes los Puros. Sabía que los estigmas que lucían los cinco extranjeros eran encantamientos de poder que el Zola Fel daba a las Voces del Río. Un murmullo recorió a todos los pescadores presentes

según el sacerdote pronunciaba estas palabras, pero una mirada seria de Sa’ar les calló. El Reverendo dijo entonces que sabía que estas eran buenas noticias para el Zola Fel en estos momentos de preocupación, pero admitió que no sabía qué era lo que los extranjeros debían hacer ahora. Decidió retirarse al templo a “escuchar al Río”, y les advirtió a los pescadores que mantuvieran la boca cerrada, y a los cinco amigos que no salieran de la choza hasta que él volviera. Y entonces hizo algo sorprendente,

besó los estigmas de cada uno de ellos, salió de la choza y se zambulló en el agua. Los pescadores se abalanzaron sobre los asombrados extranjeros y besaron sus manos como había hecho el Reverendo Sa’ar. Degis les contó que las Voces del Zola Fel eran héroes que aparecían excepcionalmente cuando la comunidad del río estaba en grave peligro, y les agradeció que hayan venido a salvarles de la plaga de gorps, cosa que no agradó a ninguno de ellos.

Fueron agasajados por los pescadores durante todo el día, hasta que a la hora de la cena el Reverendo Sa’ar salió del agua y se dirigió a ellos diciéndoles que ya tenía todas las claves del dilema. Dijo que los estigmas eran encantamientos de matriz de los conjuros de Ojos del Río, Respirar Agua y Extensión, y les invitó a una ceremonia nocturna para cargar los conjuros en las matrices. El tiempo que durarían los estigmas dependería del comportamiento de los héroes, y el conjuro de Extensión estaba ligado exclusivamente al de Respirar Agua, que sólo funcionaría en contacto con el agua del Zola Fel. Finalmente les aconsejó que viajaran al santuario de Kinope para hablar con su sacerdote, y les instó a que abrazaran el culto a Zola Fel. Así lo hicieron, y durante la ceremonia sus estigmas brillaron intensamente durante unos instantes y sus matrices fueron cargadas. Después de la ceremonia Sa’ar les ofreció una embarcación y un guía para volver a Pavis, pasando por el santuario de Kinope, y les pidió el favor de que les libraran de una plaga de tiburones del barro que estaban matando pescadores tritónidos en el pantano. Cumplieron con el trámite sin demasiados problemas y mataron seis de esas temibles criaturas en su guarida.

Pescadores y tritónidos despidieron a las Voces del Zola Fel con regalos de comida, armas y equipo (dentro de sus escasos recursos), y peces mensajeros fueron enviados por Sa’ar para que todos los iniciados de Zola Fel conocieran la existencia de las Voces del Zola Fel y les ayudaran en la medida de lo posible. También les dio consejos sobre cómo enfrentarse a los gorps, les presentó a su guía y barquero, Desi Shing, y les entregó su más preciada pertenencia: una matriz del conjuro de Resurrección que le habían regalado hace años en el templo de Chalana Arroy en Pavis. A la mañana siguiente partieron río arriba.

Desi Shing navegaba de día y hacía noche en poblados de pescadores, donde las Voces del Zola Fel debían contar una y otra vez su historia y enseñar sus estigmas. Después de dos días de travesía vieron a un niño que les hacía señas desde la orilla, a su lado había una nutria. Cuando se acercaron el niño les obligó a identificarse como las Voces enseñando sus estigmas. Una vez identificados, y con la inocencia típica de un niño, les pidió que le ayudaran como héroes que eran, debían matar a un gorp de unos dos metros que había ocupado la guarida de su nutria. Ninguna de las voces pensó siquiera en hacerlo, salvo Trislojif, el hobbit, que se metió en la estrecha cueva y acabó con el engendro caótico. A cambio se quedó con un broche matriz de un conjuro de Silencio que encontró en la guarida de la nutria, con el consentimiento del agradecido niño. Después todos disfrutaron de una buena cena y una litera caliente en el poblado del niño.

Al cuarto día vieron varias columnas de humo en el horizonte. Desi les dijo que eran señales de socorro de los granjeros, y en la frontera            una señal de socorro es sagrada, así que el barquero soltó una ondina que llevaba ligada a su anillo de latón y le ordenó que llevara la barca río arriba a toda velocidad. Al poco divisaron una torre de vigilancia, desde donde les dijeron que la granja Gubrana había sido atacada y les indicaron cómo llegar. Desembarcaron y llegaron a la granja, donde encontraron a dos mujeres y un niño aterrorizados, los broos habían torturado a un niño y habían secuestrado a una niña, dos hombres habían salido detrás de los diez broos hacía un par de horas. Siguieron el rastro de los broos, y al cabo de dos horas encontraron los cadáveres de los dos hombres que habían salido a perseguirles, y que aparentemente habían caído en una emboscada. Continuaron rastreando hasta que llegaron a una pared rocosa con abundantes cuevas, arrasaron la guarida de los broos y rescataron a la niña secuestrada.

A la vuelta se encontraron con mercenarios del Duque Raus de Rone, que venían siguiendo el rastro de los broos y de Olger y sus compañeros. Entregaron la niña a su familia y aceptaron la invitación del oficial de los mercenarios para alojarse en Ronegarth, el castillo del duque. Cenaron con los mercenarios en el castillo, más bien un fuerte, y durmieron en cómodas literas (todos menos Gingli, que prefería dormir en la cuadra). Por la mañana fueron recibidos por el Duque, que les agradeció la ayuda prestada, les invitó a visitarle en el futuro y les entregó una recompensa de 50p por cada broo que habían matado. Sir Olger recibió 225p, Gingli 175p, Urquhart 100p., y Desi Shing 50p.

Continuaron navegando río arriba y encontraron a un tritónido gravemente herido y a otro muerto, a la orilla de una charca. En el agua había un gran gorp, y las heridas de los tritónidos parecían quemaduras de ácido. Mataron al bicho y a cuatro pequeños gorps que salieron de él cuando reventó. Curaron al tritónido herido y decidieron resucitar al muerto con el conjuro de Resurrección que les entregó el Reverendo Sa’ar. Los tritónidos se llamaban Ge’hechya y Ma’char, y juraron entrar al servicio de las Voces del Zola Fel después de ir a su poblado a realizar unas ofrendas. Acordaron reunirse en Pavis lo antes posible.

Al cabo de tres días, y después de pasar la inspección aduanera de la patrulla fluvial del Condado del Sol, llegaron al Santuario de Kinope. Desi les llevó hasta la secreta fuente, perdida entre los cañaverales, donde se congregan numerosos iniciados de Zola Fel en busca de los poderes curativos de sus aguas. Les presentó como Voces del Río y tuvieron que enseñar otra vez sus estigmas y contar su historia. Cuando terminaron se hizo un silencio sepulcral y del agua asomó un gigantesco pez gato. Todos los presentes hicieron una reverencia, y el pez comenzó a hablar en el lenguaje del Río. Desi hizo de traductor y Ojo Brillante, el pez sacerdote, confirmó que ellos eran las Voces del Río y que evidentemente el Zola Fel los había salvado de la muerte para que ellos ayudaran a la comunidad a vencer a los gorps. Durante la cena, los lugareños pillaron a Urquhart el enano con la mano en el bolsillo de uno de ellos, lo detuvieron y lo llevaron ante la presencia del sacerdote. Según la ley local debían cortar la mano del ladrón, pero el sacerdorte consideró que no sería bueno para la comunidad que una de las Voces del Río se quedara manco, así que recurrió a una antigua costumbre, según la cual el ladrón debía comprarle al ofendido un cerdo, y éste cortaba la mano del cerdo en lugar de la del reo. Así se izo, y desde entonces se conoce al enano como Urquhart Mano de Cerdo.

A la mañana siguiente llegaron noticias del norte, un gigantesco gorp estaba atacando la comunidad de Harpoon, así que las Voces del Zola Fel zarparon río arriba.

Al llegar a Harpoon divisaron un enorme gorp como el que había atacado a Ge’hechya y Ma’char, y llegaron a la conclusión de que si el gorp moría saldrían de él decenas de pequeños gorps, y eso sería un desastre para la gente del río. Fueron a hablar con los comandantes militares de Harpoon (gente del Condado del Sol) y sólo fueron recibidos porque su fama como Voces del Zola Fel les había precedido. Les costó mucho trabajo, pero al final convencieron a los militares de la peligrosidad de atacar inmediatamente al gorp sin tener una estrategia para contener a los pequeños gorps que saldrían de él. Durante toda la noche discutieron una estrategia, y de madrugada mensajeros salieron en todas direcciones para coordinar la operación.

Al amanecer, decenas de hombres y tritónidos coordinados con trompetas y banderas, rodearon al tremendo gorp y el ataque comenzó. Botes y canoas tripulados por pescadores cercaron al gorp por el norte y el sur, desde las orillas este y oeste arqueros del Condado del Sol prepararon flechas incendiarias, y desde lo alto del acantilado oriental una gigantesca ballista estaba tensa y lista para disparar. Al sonar el cuerno de guerra la ballista lanzó su proyectil, que se hundió completamente en el bicho caótico, y nubes de flechas incendiarias cayeron sobre él, mientras los pescadores lanzaban redomas llenas de agua purificada desde sus canoas. Cuando la ballista disparó su segundo proyectil el gorp explotó, lanzando decenas de gorps al aire. Los arqueros atacaron con antorchas a los que cayeron en la orilla.  Los peces del río, coordinados por Ojo Brillante, dirigíeron a los tritónidos bajo el agua para eliminar a los que se escondían en las aguas poco profundas de los cañaverales. Río abajo esperaban botes cargados con sacerdotes del Condado del Sol que acababan con los que bajaban flotando lanzándoles conjuros de disrupción. Al final del día dieron por finalizada la cacería de gorps, convencidos de que habían acabado con la mayor parte de ellos. Calcularon que dentro de la bestia había unos ciento veinte pequeños gorps.

La noticia se extendió por todo el río: Las Voces del Zola Fel habían destruído al gorp gigante. Esto no era cierto, aunque la verdad es que el entusiasmo que la presencia de Sir Olger y los demás inspiraron a la gente del río permitió encontrar y aniquilar a casi todos los microgorps que cayeron al agua. Por la noche, los pescadores organizaron una gran fiesta, a la que acudieron altos mandos del Condado del Sol para agredecer su colaboración a Ojos Brillantes y a las Voces del Río. Al día siguiente, y a pesar de la terrible resaca del vino de palma, el implacable Desi Shing despertó a los cinco amigos para zarpar en dirección a Pavis. A lo largo del viaje grupos de pescadores les aclamaron desde la orilla, y a su llegada a la ciudad todos estaban al coriente: las Voces del Río, Los Elegidos del Zola Fel, Los Guardianes del Río, Los Exterminadores del Gigantesco Monstruo Caótico habían llegado a Pavis. Iba a ser difícil pasar desapercibidos.

Desi les dejó en la barcaza-templo de Zola Fel en Pavis para que hablaran con el Gran Sacerdote. La enorme barcaza sirve de templo permanente en la ciudad y sólo zarpa en ocasiones especiales. A proa y popa se erigen dos grandes tiendas de lona que sirven para realizar los oficios y como residencia de los sacerdotes, y en el centro se encuentra el altar, al lado de una abertura que permite que las criaturas acuáticas tengan acceso al altar desde el fondo del río. Allí les esperaban cuatro tritónidos, Che’en, Gran Sacerdote de Zola Fel en Pavis, y a sus tres acólitos.  El sacerdote les comunicó que creía que la plaga de gorps la había causado el enorme gorp que ellos habían matado en Harpoon, pero estaba seguro de que había alguna fuente maligna en el río, porque aquella mañana habían avistado un enorme gorp al sur de la ciudad. A la mañana siguiente, Desi Shing se despidió de ellos porque estaba ansioso de volver a Corflú.  Acudieron al templo Ge’hechya y Ma’char, los tritónidos que habían salvado días antes, y se pusieron a su servicio durante un año por la deuda de honor que habían contraído con ellos.

Descansaron dos días en su casa de Pavis hasta que recibieron noticias de varias fuentes que indicaban que se oían ruidosos gorgoteos y había gran cantidad de peces muertos cerca de la Isla del Ogro, en las ruinas de la antigua Pavis. Hacia allí se encaminaron Sir Olger, Gingli, Trislojif, Urquhart Mano de Cerdo y Donaldus McKuak, acompañados por Ge’hechya y Ma’char. Entraron en una cueva de la Isla del Ogro, y bucearon por pasajes inundados y atravesaron cuevas con el agua por la cintura (Trislojif el hobbit con el agua al cuello). Cuando llevaban más de una hora bajo tierra fueron atacados por un caracol-dragón al que despacharon sin muchos problemas. Siguiendo el rastro de pequeños gorps fueron penetrando más en las cuevas y tuvieron una fiera pelea con un walktapus que encontraron en una laguna poco profunda. Ya estaban a punto de darse por vencidos cuando sintieron unos cánticos extraños que no parecían a nada que hubieran oído antes. Siguieron los sonidos bajando por unas terrazas que llegaban a una poza llena de pequeñas criaturas sin ojos, con cráneos ovalados y grandes bocas llenas de dientes afilados, y entre ellas un humanoide deforme que entonaba extraños cánticos coreados por el murmullo de las pequeñas criaturas. Atacaron sin dudarlo matando al humanoide y causaron una gran masacre entre los pequeños cantores. Al final de la refriega ninguno de los amigos sufría heridas graves, y en el regisro de la cueva hallaron tesoros suficientes como para mantenerles por una buena temporada.

El Gran Sacerdote Che’en dio por oficialmente concluída la plaga de gorps al cabo de unas semanas, y se celebró una gran fiesta en honor de las Voces del Zola Fel. Los fieles les hicieron incontables regalos, la mayoría de muy poco valor por ser los pescadores gente de escasos recursos, y Sir Olger y los suyos renovaron los conjuros gastados de sus estigmas.  Se despidieron de Che’en prometiéndo visitarle a menudo (cosa que no hicieron) y volvieron a la tranquila vida de su casa en Pavis.

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9 comentarios

Archivado bajo Diario de campaña, RuneQuest, Saga de Santuario

9 Respuestas a “La Saga de Santuario-5

  1. Urquhart

    Para una vez que mate un cerdo me llaman matacerdos… Esta fue mi primera aventura en Runequest… la primera de rol fue en Traveler con el malogrado Arnol-do. A partir de entonces se abrieron mundos de excitantes aventuras…

    • Bienvenido Urquhart Mano de Cerdo, Voz del Zola Fel. ¡Dónde se ha visto un enano de piedra metido a carterista! Sí es verdad que Arnol-do no duró mucho (más o menos como Godspell) pero de tus otros personajes no te podrás quejar. Ahora no me acuerdo bien, pero creo que no has perdido ninguno más ¿o sí?

  2. Hombre, hombre, hombre, ¡esto me suena! 🙂

    Es interesante ver cómo otros jugadores han jugado campañas que uno ha dirigido. Urquhart: suerte tienes que el máster fue misericordioso, ¡o hubieras acabado con una mano menos…!

    Me gustan los detalles del tipo: “Se despidieron de Che’en prometiéndo visitarle a menudo (cosa que no hicieron)”. XD

    Me muero de ganas de leer los siguientes capítulos.

  3. Una cosilla: es posible que algún jugador potencial de los escenarios oficiales lea esta entrada, por lo que puede que sea buena idea avisar de la presencia de spoilers al principio.

  4. Ekkaia

    Hola amigos, soy Ekkaia escribiendo desde el otro lado del mundo, donde la vida me llevó hace años en busca de nuevas aventuras. Eso sí, nunca tendré aventuras tan maravillosas como las que tuve con Imbli y los otros amigos, bajo la dirección del Master Rutius. Gracias por hacer públicas estas nuevas aventuras, en las que no puede participar porque me retiré en aquél feudo de la costa. Rutius, estoy muy agradecida por describirme como poseedora de “un talante honrado y directo”. Recuerdo que mi honradez y espíritu caballeresco alguna que otra vez metió al grupo en líos….como seguramente lo recordará Sir Olger. Saludos a todos desde lejos, con mucha nostalgia de los viejos tiempos tan bien relatados aquí por Master Rutius. Espero con ansia las nuevas entregas de estas aventuras.

    • Te hemos echado mucho de menos Ekkaia (los demás jugadores especialmente cuando aparecen trolls, orcos y otras criaturas caóticas) 😉

      A ver si aumenta más tu nostalgia leyendo las aventuras y te tentamos para que vuelvas y retomes el camino del hacha de dos cabezas 🙂

  5. Efren Archiripa

    Rutius, solo una sugerencia y una pregunta. En el relato hablas de animales que seguramente tú cononces pero otros no habrán oído hablar de ellos. ¿No crees que sería interesante decir cómo son estos monstruos? y diría más, si tuvieras una imagen cojonudo.

    La pregunta es: ¿cómo es posible que regalándoles un conjuro de resurrección se lo gasten en un tritónido?….No lo entiendo, o son unos panolis o van sobraos, y muy seguros por las aventuras.

    • La verdad es que no me acuerdo de por qué decidieron salvar al tritónido. A lo mejor alguno de los jugadores se acuerda. En cuanto a las ilustraciuones tienes razón, intentaré poner alguna más.

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